domingo, 3 de junio de 2018

«El despertar» Pizarnik (frag.)

Art by Sergio Molinatti.

viernes, 1 de junio de 2018

(24/10/2015)

Se me propone finalizar 
con esto
de manera rápida e indolora.
Pero la jaula es hueca
y aún escucho la voz
de los cuervos vibrar.

~Lalala...

jueves, 17 de mayo de 2018

Perdidos, nos encontraremos.



Perdimos, ¿qué perdimos?
¿Libertad? No existe sin humanidad.
¿Camino? Lo hicimos al andar.
¿Amistad? La convertimos en lealtad.

¿Qué sería de mí sin Francia?
¿Qué sería de mí sin España?
Y sin embargo, ¿qué es de mí?

Un largo sendero amazónico, andino, desértico, agonico.

¿Qué sería de mí sin sangre y tierra?
¿Qué sería de mi sin María y sin el mar?
Y sin embargo un río de miedo y esperanza.

Perdimos un centenar de historias,
una década de futuros.

Nos encontraremos en la Lima del sol y el agua.

Nos encontraremos en el Miami del techno y la osadía.

Nos encontraremos en la España despreocupada y llena de confianza.

Nos encontraremos navegando la Plata tímida y orgullosa.

En el Atlántico inmenso elevándolos como islas silbantes.

Cruzaremos el desierto hasta ver brillar las estrellas ansiosas.

Nos encontraremos tan cerca como en el Medellín de las fotos y el arte.

Recorreremos los 7 mares y los 2 océanos.
¿Perdimos? No perdimos más que tiempo.

Pero nos encontraremos en el camino que nos hizo ser. 

En la tierra que nos expulsó, nos encontraremos.

lunes, 14 de mayo de 2018

(14/05/18)


¿Qué hicimos con las ceremonias,
las caravanas que urgian por romanticismo,

los vals memorables de Viena,
las bodas de invierno,
las emperatrices veraniegas?

¿Qué hicimos con el baile de las aves?

sábado, 18 de marzo de 2017

(16/03/17)

              



Un acorde
                                             el humo titilando
un piano que
                                            tururu- tururu.
Seducción...
                                  a game.

A Maga (17/03/17)




Tú eres café tostado.
Yo, tengo el molino.

Fuego, aroma caribeño.
Tierra, vibración latina.
Agua, movimientos jazzistas.
Aire, suave pluma.

Tú eres sentimiento vivo.
Yo, el final de tu camino,

la promesa que nunca hicimos,
el amor que nunca enfría
en invierno.
Una ebullición de carne.

Tú eres café molido.
Yo, un adicto a la cafeína.

sábado, 7 de enero de 2017

"La hora 25"

"Una vez hice un crucero en un submarino- dijo Traian-. Permanecí mil horas bajo el agua. Hay en los submarinos un aparato especial para indicar el momento preciso en que es necesario renovar el aire. Pero antes de existir esos aparatos se embarcaban a bordo conejillos blancos. En el momento en que la atmósfera se hacia tóxica, los conejillos morían y los marinos sabían que no les quedaban más que cinco o seis horas de vida. En aquel instante el capitán tenía que tomar la decisión suprema: no hacía un esfuerzo desesperado para remontar a la superficie o no abandonaba el fondo y moría con todos los demás. Habitualmente, para no verse morir se mataban entre sí a tiros.

En el submarino donde me hallaba no habían conejillos blancos, pero sí aparatos. El capitán observó que yo notaba la mínima disminución de la cantidad de oxigene. Se burló de mi sensibilidad y luego dejó de utilizar los aparatos. Yo le fui indicando con una precisión, siempre confirmada con los aparatos, si había bastante aire.

Es un don que tenemos, los conejillos blancos y yo, de sentir seis horas antes que el resto de los humanos el momento en que la atmósfera se hace irrespirable. Pues bien: desde hace algún tiempo me acomete igual sensación que sentí a borde del submarino: la atmósfera se ha hecho sofocante."

("La hora 25" C. Virgil Gheorghiu. Libro primero, cap. 54)

Venezuela se convirtió, de una manera u otra, en un submarino en lo profundo del océano. No hay aparatos que indiquen que es necesario renovar el aire, y de haberlos, están inservibles o apagados. Ahora, hay conejillos blancos, miles, millones. ¿Quiénes son? ¿Dónde están? No sabemos. Pero aquí estamos, treinta millones de humanos maquinizados (¿O de maquinas humanizadas?), empujándonos unos a otros al vacío de la barbarie permanente.

Estamos viviendo nuestras últimas 6 horas, sin saber cuando han comenzado. ¿Cuándo murió el último conejillo blanco? ¿Cuántas horas nos quedan? ¿Quién es nuestro capitán?

Las respuestas a estas interrogantes están flotando entre nosotros, tan obvian que nadie las ve. Estamos concentrados en que los engranajes de nuestra barbarie no se detengan, tanto, que aún no resolvemos si matarnos a tiros entre nosotros mismos o subir a la superficie y retomar nuestra civilización.

A modo de advertencia; se acerca la hora veinticinco.

"El momento en que toda tentativa de salvación se hace inútil. Ni siquiera la venida de un Mesías resolvería nada. No es la última hora, sino una hora después..."

("La hora 25" C. Virgil Ghioghiu. Libro primero, cap. 15)