viernes, 1 de noviembre de 2013

Un cuadro de mi amiga Keis Colina.



jueves, 31 de octubre de 2013

El hombre/maquina.


Cabalgando en las pavimentadas calles

De una ciudad muerta, maloliente,

Una ciudad negra rodeada de una neblina densa,

Con trazos de fuego y amargura,



De ruinas volcánicas derramadas 

Como el agua por los pozos de dolor

De un cuerpo de cera, de amarilla cera

Remojada en el semen de Cerbero.



Cabalga el inmundo, el hijoputa,

El maloliente, el desgraciado, 

El maldito, el hombre/maquina 

Que busca la puerta a los dominios de Hades.

Halloween.



Hoy es Halloween,
Al menos eso dicen,
Extraña fiesta.
Unos se disfrazan, que ironía,

Son disfraces arrastrados
Por inmundas calles de arena,
Riendo, rogando por un dulce de anís,
Por una línea de coca,

Por un porro mal armado,
Suplican por vivir,
Pero no viven.
Su mejor disfraz es el de zombie,

O ese de los lentes, el de Arjona.
Así su alma, ¿cuál alma?,
No se ve y se pierde
Entre lo oscuro,

Mientras otros,
Yo, escuchamos a Sabina;
Rogando una daga
Atraviese nuestra mente,

Nuestro júbilo.
Pero no todos son así,
Están los idealistas,
Los nacionalistas,

Aquellos que alejan la fiesta.
Esos se disfrazan también.
Unos de alcohólicos mutantes,
Con babas en el culo

Y sida, y sífilis, y gonorrea,
Y otras enfermedades
Que se trasmiten
Con la misma baba

Que tienen en el culo.
Claro, están las otras,
Sí, las mujeres;
Disfrazadas de putas.

Putas sin paga,
Que andan buscando fuego
Para terminar en una cama,
Con humo entre las piernas

Y babas en el pecho.
¡Ah, Halloween!
Después de todo
No eres tan extraño. 

miércoles, 30 de octubre de 2013

Entre columnas griegas.

Foto de: Vladimir Nechiporenko.

Felicidad, una palabra rota,
Por miles de seres incompletos,
Por regímenes autoritarios,
Por mujeres que se limpian la sangre

Que sigue al golpe de su marido.
La felicidad, el éxtasis, rotos,
Quebrado por el grito de guerra a muerte.
Por el discurso se Hitler,

Por los millones de: “¡Heil, Hitler!”,
Mientras judíos audaces
-Ahora ya no tanto-,
Caían en Auschwitz y Bergen-Belsen.

Felicidad, subjetivo sentimiento,
No sirve en el cielo,
No sirve en el infierno,
Aun menos en la tierra;

Pero, vaya, sí que sirve entre sabanas.
Felicidad, amargura de ocho letras,
De cuatro silabas,
Y de significado errado.

Derretida por el fuego que quemó a Chicago.
Por la comida que falta en África.
Por la falta de vista de Borges
Y la falta de escucha de Beethoven.
Indiferente al payaso de circo

Que se ahoga en alcohol y heroína.
La felicidad no está en la historia,
Así como mucho menos en el tiempo.
Está donde el tiempo se detiene,

Donde la historia no hace camino,
-Ni el camino hace pesar-.
El éxtasis  está en las yemas de los dedos,
Esas que acarician el piano de Beethoven

Y la pluma de Borges.
Los dedos que rozan tu pubis,
Que gozan con tus pechos,
Que brincan de puta en puta,

De coño en coño,
De cigarrillo en cigarrillo.
En los dedos tuyos y míos,
Los de Adán cuando se folló a Eva.

La felicidad está
Entre dos columnas griegas,
Sudorosas, brillando bajo la luz
De unos ojos entornado sobre su pared.

La felicidad está
En las fiestas bochornosas
Del infierno, porque,
¡Joder, es de magníficos estar

En una fiesta con Bukowski!
Dando sentido a la felicidad,
Entre putas, hijoputas,
El tequila y el fuego.

Ahí, donde resuena
La voz de Nath King Cole,
- Con su “L is for the way you Look at me”-,
Mientras sudamos el tequila.

Si no estoy entre tus piernas,
Transpirando lujuria y amor,
La felicidad no tiene sentido,
Así líe cientos de cigarrillos,

Así folle miles de coños,
Así escuche horas y horas
A Beethoven y lea,
En igual cantidad, a Borges.

No cobrará sentido así
Bukowski me brinde una noche
De fiesta en el infierno,
Y vea comer a África.

Felicidad, es sinónimo
De tiempo/detenido.
Felicidad y éxtasis,
Pregonan la libertad de una noche. 

lunes, 28 de octubre de 2013

Un suicidio anunciado


De esa forma,
Así, cuando violaste mi odio,
Cuando rompiste las cadenas
De acero que lo unían al miedo.

De la forma como miraste mi alma
Y le limpiaste la mierda
Que chorreaba entre las fauces
De Cerbero,

Siempre vigilante de podrir
El pudor, la moral, la desidia
De un cuerpo andante,
Tambaleándose bajo un hechizo

De magia maligna y cargada
De vibraciones, como las del arpa
Que tocamos el día que el tiempo
Trajo tu cuerpo hacia el mío.

Cuando la música creó
La quebrada por donde mi sangre
Corrió luego del siniestro
Asesinato de tus palabras.

De la forma como juraste cantar
Hasta la muerte y hoy, rota, quebrada,
Rasposa y malhumorada, juras
Que tu muerte ha llegado.

Que tu muerte llegó,
Entre el golpe que la vida
Te propino y el suspiro
Con que llegó.

Que tu vida acabo,
Sin un orgasmo, sin un amor,
Sin una vela consumida entre llanto,
Sudor, entre el humo del cigarrillo.

Porque tú consumiste tu llama,
Justo cuando estuve a punto
De entregarte mi cordura, mi lucidez,
Apunto de caer en locura por ti.

Por un amor que nunca  nació,
Por las flores que nunca enviaré,
De esta forma, escribiendo sin escribir,
Echo al vacío los versos que te escribí.

Besos de una pulgada.



Un sinvergüenza una vez dijo:
“Del temor al placer solo hay media pulgada,
Justo lo que mide un beso”
Ese fui yo,

Pero me llevo tiempo saberlo.
¿Cómo saber cuánto mide un beso?
¿Cómo saber donde darlo?
¿Dónde se unen los ríos del placer y el temor?

Bebiendo de tu sudor
Supe de donde salía tu placer.
Por los poros de tu piel
Que se estremecen y lloran con un beso,

Con un jaloneo de brazos cruzados
Que fluyen por tu espalda hasta tus nalgas,
Abriendo un canal al pasar, erizando tus poros,
Recolectando tu placer en pequeñas cuencas de sudor.

Luego, con un trago largo de tequila,
De esos que queman la garganta y
Hacen agua los ojos, descubres el temor;

Expresado en tu mirada y en la mueca
De un ceño fruncido.
Un trago que baja quemando tu laringe
Abriéndose paso hasta tu estomago

Donde rompen las gotas,
Creando lagos de temor.
Temblando, tambaleas tu cuerpo
Hacia unas sabanas húmedas de placer.

El tequila es fuerte y necesita salir,
Solo una pulgada posee el poder,
En esa confluencia de pesares,
Porque el placer y el temor pesan,

Duermen tu cuerpo, lo llenan de lujuria,
De excitación, de una convulsión
De riesgos que con alevosía
Te empujan a abrir las piernas,

A dejar fluir los pesares.
Ahí, entre las dos torres griegas
Que se alzan del piso a tu cintura,
Ahí cabe un beso de una pulgada.

Fluyen los pesares,
Mientras pregonamos la libertad
Y tu coño suplica esa línea delgada
Que mide una pulgada.

Besos de libertad, de tequila,
De placeres, de esos cigarrillos
Que tiempo atrás encendí
Pensando en ti.

Un trago más de tequila.
Otro de sudor.
Temor. Placer.
Un beso de una pulgada.


Olas de cabello.

Modelo: Adriana Pérez
.
El mar tiene olas azules 
Que se cruzan en el infinito,
Con olas de un amarillo candela
Que drena el sol en las alturas

Rompiendo los linderos del horizonte.
Abren paso a las aves y acarician la lujuria 
Con manos temblorosas de un amor
Que promete ser eterno. 

Pero hay olas que arden al rojo vivo,
Que no rompen en el horizonte, sino
Que son inmóviles, perpetuas, incluso eternas.
Olas que se enroscan como remolinos 

De un rojo pasión que se acerca al amor,
A la felicidad, al recreativo placer de una vida emotiva;
Incluso algunos rebeldes que odian y maldicen 
Entre golpes amargos de los rayos del sol

Y golpes furiosos, salados,
De las olas azules, ¡malditas!
Son esas olas que yacen en tu cabello,
Esas que caen sobre tu piel pálida,

Como nieve, fría, blanca,
Que absorbe el destello de las olas en tu cabello.
Ese cabello inmutable, rebelde, 
Caluroso, a tiempo de lujuria

Que rompe en gotas de sudor.
Porque tus olas de cabello son débiles
A la amargura del sol 
Y a la sal del mar.