viernes, 1 de mayo de 2020

Hablemos de la vida.




Don't go, don't leave me alone...
La habitación es grande y llena de estrellas. No hay escape a este hoguera, un nombre que no le pertenece al más íntimo deseo de vida.
Don't go, el desmembre del brazo armado que empuja nuestro vacío al más lúgubre desenlace.
Una petición convertida en súplica, el río de la existencia desbordando su caudal en nuestras mejillas, las puertas del alma, del muro, del cielo.  La puerta abre hacia adentro y solo es para salir.

Un abrazo tras otro... You are my best friend, dude, ehm... your name is? 
Unos diez abrazos; siempre al mismo emboltorio de trapos y carne, no hay matemáticas suficientes, ecuaciones diseñadas, cálculo newtoniano,  ni nada y nada que estandarice los abrazos necesarios para sabernos castos y bendecidos por nada. ¿Qué importa quién recibe? ¿Qué importa que expresamos?, el llanto de los marginados, la última gota de barro que entorpece la construcción del rascacielo en un terreno que a fuerza de sostenerlo todo, no sostiene nada. No edifica nada.

Okay, go away, friends. I'll be fine... 
Incluso con la puerta abierta, el terreno inservible para la construcción y el querer arrancarse el cuerpo en un último acto de valor, incluso con ello, con más que ello, saber que la última esperanza está ahí, que la felicidad no es nuestra pero sabemos que nos espera después del umbral de la muerte; podemos asegurar que nuestro rostro no es más que un manojo de carne magullado por el llanto y las sonrisas nerviosas. Neurótico. 
¿Qué si nos entregamos a la noche y no volvemos? Las sombras son nuestras y nosotros de ella. 

It's fine. This will be the end... 
"Mantener alejado de los niños" una advertencia que no se puede dejar pasar, abre el frasco, observa. 
El silencio.
La soledad de una habitación eterna y obscura. Paredes de cristal en un mundo de hierro. El silencio, llénalo con el tintinar de las últimas piedras que nos sepultarán bajo el peso de la eternidad. 

One glass of watter, please. All fine, mom, don't worry...
No hay camino que lleve a otro camino, no hay puentes, no hay trenes ni automóviles. Es solo un sendero lleno de girasoles que me dan la espalda. La habitación, la soledad, el silencio, el fuego que me quema desde dentro, la puerta que abre hacia adentro, el umbral, la vida... ¿Qué si alguna vez quise hablar de ella? Ya es tarde.

I'm sorry...
El último suspiro, el trago que antecede a la nostalgia y luego... 
Tormentoso volcán convulsivo, espuma de cerveza brotando provocada por las ebulliciones de mi cuerpo. Un aliento desde el este me llama, un solo soplo del destino...

Sorry, mom, i fail... No...
El abismo es más grande desde el fondo. Un fracaso más de una existencia que jamás fue planeada. ¿Qué si aún no es tarde? Hablemos de la vida...



jueves, 30 de abril de 2020

El último poema.


Vendo poemas de noche en los bares oscuros del boulevard. Ahí me encontrarán, con una cerveza en mano y un cigarro en la boca. Quizás una buena compañia, quizás una buena compañía.
La paga fue buena al principio, luego conocieron más a fondo mis pasiones y empezaron a pagar con cerveza, cigarrillos, algo de yerba y, de vez en cuando, una buena puta. Me habían jodido por completo y yo lo había permitido, ¿cómo pudo pasar esto?

La noche empezó como toda noche empieza, un bar semi vacío. Hoy solo hay un joven en el fondo del bar sentado solo, observando su trago de ron como disculpándose por beberlo. No tiene mucho de alcohólico, moreno, ojos grandes y la mirada de quién a odiado por más tiempo del que puede creer. 
Al final de la barra hay otro joven un poco más bajo de estatura que el anterior, moreno igualmente; si Dios alguna vez quiso castigar a alguien lo hizo con la nariz de este hombre. Sostenía un vaso en la mano, casi vacío, pero no lo he visto beber ni una sola vez. Solo insiste en explicarle a dos putas del bar como viven encerradas en un círculo sistemático que les ha cegado y corrompido su bienestar. Vamos, son dos putas amigo, deja que follen y beban y se bañen con los fluidos más obscenos de los hombres más sucios. 
Justo cuando observaba aquella pequeña tragedia, tan cerca una de la otra, un predicador y un hombre herido, ingreso al bar un tipo delgado de aspecto burlón, labios de cupido y una cabellera dispar. Sonreía de oreja a oreja, caminaba como si el piso de madera espolvoreado con cocaína y sudor y babas y cerveza no mereciera sus pasos. Se sentó un par de asientos a mi izquierda y, dando una palmada a la barra, pidió un anís y una caja del mejor cigarrillo del lugar. Iba solo, pero parecía esperar a alguien.

Ocupe mi mente en el trabajo que tenía por hacer, debía montarme en la tarima, recitar uno o dos poemas y bajar, pero ¿para quién? Ninguno de estos tres idiotas, y mucho menos las putas, escucharían lo que tengo que decir, no valía la pena ni el esfuerzo. Podría asegurar que nadie prestaría la menor atención si me monto o no, excepto el dueño del lugar que me daba una palmada en el hombro en ese momento.

- Vamos hombre, ánimos, ya llegarán más personas.

- Ah, da lo mismo, Gilbert. ¿Quien quiere escuchar a un borracho drogadicto que escribe poemas insignificantes? Deberías buscarte a un Wilde o un Benedetti, que se yo. 

- No, no. Tú y yo tenemos un trato.- dijo seriamente.

- Vamos, Gilbert, mira tú eres músico ¿no? O alguna vez lo fuiste, contrata un músico entonces, seguro alguien querrá tan buena paga que das...

- Ah, eso era lo tuyo, tranquilo ya mejorará todo. Ya mejorará...

Y se alejó sin más. ¿Cómo llegué a esto? Lo odiaba, vender mis poemas a un tarado para un público que detesta esta vida y otro que predica la revolución y otro que se burlaría hasta de sí mismo. Ahí estaba, el tercer intruso, echándo ojo del culo de la muchacha detrás de la barra y sonriéndole, decía algo sobre que hacia musica y estaba en la ciudad para «prenderla en fuego» con su contenido «revoltoso».

Me levanté para ir a mear al baño privado del bar y ahí estaba el primer intruso empolvando su nariz, al entrar yo, dejó caer su vaso y maldijo al viento. 

- Lo siento, viejo, no quise asustarle. 
- No se preocupe, viejo. No pasa nada.- decía mientras entre dientes maldecía el vaso por haberse roto. 
- Déjalo, ya lo recogerá alguien más.

Se levantó mirándome a los ojos, como analizandome. Preguntó si era yo el poeta que ponían a la entrada.

- Sí, ya sabes, hay que ganarse el pan como sea.

Encendí un pequeño pucho de yerba que llevaba en el bolsillo, me ayudaba con los nervios pre- recital. 

- ¿Quieres?- le pregunté.
- Solo un poco, ya ves que ando en otra cosa.- fue la primera vez que pude atisbar un poco de calma en sus ojos. 
- Va, es como follarse a una mujercilla luego de golpearla, ya sabes, la nariz quebrada y luego la calma total. 

Salió del baño luego de jalarle un par de veces al pucho, no sin antes darme las gracias y recoger el vaso roto, y yo solo me detuve frente al espejo. 

Había perdido las ganas de mear, solo podía pensar en que no valía la pena si quiera volver a esa tarima, pero mi trato con Gilbert. Mierda, odiaba ese sin sentido de mantener siempre la palabra, era agobiante la presión injusta que producía esa responsabilidad y, sin embargo, debía cumplir con ello. Pero, ¿hasta cuándo? 

Salí del baño y pude notar que el profeta estaba perdido en la «predica» oral que le daba una de las putas, mi favorita, maldita sea. El burlón estaba en la primera mesa frente a la tarima fumando cigarrillos sin cesar y el tipo del baño en su rincón, solo que está vez tenía unas hojas frente a él y la mirada puesta en mí. Debía admitirlo, esa mirada pesaba sobre mí de forma extraordinaria, algo se esperaba de mí, algo que no entendía ni sabía. 

- Ya va siendo hora.- Gilbert hablándome desde la escalera que sube a la tarima.

Bebí una cerveza hasta el fondo y vi como el hombre del papel escribía algo. Emprendí mi camino a mi funeral diario, todos los días moría en el primer escalón de esta maldita tarima. Tropecé con la silla al lado del burlón y, sin darme cuenta, tumbé sobre él el cenicero. 

- ¡Maldita sea, idiota! ¿No ves dónde caminas?

- Vaya, cálmate un poco, fue sin intención. 

Subí los escalones y el burlón dijo, en voz claramente alta para ser escuchado, "vaya, ahí se monta un mono, aplaudanle al mono", y el predicador elevó su vista hacia este y luego hacia mí. Ahora los tres me veían inquisitoriamente. Me detuve en el último escalón, respire hondo, subí.

Mi primer acto fue lanzarle el micrófono al idiota de enfrente, al burlón. Partí su cabeza con este y él empezó a reputearme y maldecir mi vida y existencia, todo esto mientras Gilbert lo detenía para que no subiera la tarima. 

- Déjalo, eh, hombre, ¡déjalo que suba!- grito el primer intruso desde el fondo.- ¡regalamos algo de acción en esta pocilga!

- ¿Empezamos una fiesta?- dijo el predicador subiendo su cremallera. 

Las putas habían empezado a bailar sobre las mesas y en la barra rodaban cinco tragos para los hombres del lugar. Encendí un cigarrillo y empecé a sentir una euforia que inundaba mi pecho amenazando con explotar. 

- ¡He aquí la reinvindicacion del hombre nuevo, he aquí los nuevos hombres que ostentan la moral, las nuevas mujeres que exaltan las pasiones del vicio!- grite exaltado. 

En el fondo el hombre del papel escribía y note que eran mis palabras las que plasmó en la hoja. Hice silencio. 

- Viejo hijo de puta.- grito el burlón atado a una silla.- suéltame de aquí, Gilbert, suéltame o haré de este lugar lo que Caligula con Roma. 

- Vean, amenazador. Suéltale y que le prenda fuego a todo, Gilbert, será lo mejor para este bar,para ti y para mí.- dije. 

- ¡Cierra la puta boca!- exclamó Gilbert.- A lo tuyo, idiota. 

Casi de un salto el primer intruso estaba  delante de mi, con hoja y lápiz en mano y la energía de mil caballos galopantes. El predicador se sentó en la barra y encendió un cigarrillo. 

- Vamos, di lo que debes decir, hombre. No nos hagas esperar. 

Todos me veían y el burlón aún luchaba por liberarse de sus ataduras. Empecé a sentir frío, un frío que calaba el espíritu. Tomé el micrófono que Gilbert me había lanzado de vuelta y lo acerque a mis labios. ¿Qué poema recitar si no había escrito nada para esa noche? Lo acaba de notar, no había nada que hacer, debía improvisar algo rápido. 

Aclare mi garganta luego de un trago de ron, encendí un cigarrillo y... Una bala atravesó mi pecho. Se había liberado.

- ¡¿Qué dirás ahora, maldito viejo imbécil?!- dijo el burlón entre risas. 

Caí al piso donde el primer intruso me veía desangrar sin quitarme el ojo por un segundo. El predicador se abalanzó sobre el burlón para desarmarle y este le respondió con un derechazo en las costillas y dos disparos al aire que hizo que las bailarinas se tumbaran al piso. Observé, intentaba respirar lentamente, señale a la chica tras la barra y el primer intruso dijo algo inentendible. 

- Ella... Traela...- logré articular. 

- Viejo, viejo, ¡Oh, viejo!- sollozó la chica al arrodillarse a mi lado- debí amarte como querías, alguien debía amarte como querías. 

Le acaricie la mejilla y luego metí mi mano bajo su falda

- Tengo frío.- dije entrecortado. 
- Toca, viejo, ahí volverás, al coño de dónde viniste.- me consoló con una sonrisa arrugada por el sollozo. 

El bar era un completo caos y mi sangre servía para aglomerar las impurezas del viejo piso de madera en un solo charco. Mire al primer intruso y sus ojos seguían analizandome. 

- ¿Quién eres, que quieres?- pregunté ya casi sin aliento. 

- Solo deja de hablar, mira a tu al rededor. Has creado la mejor tragedia poética que he visto. Esto es poesía, viejo. 

Observé, vaya. Que caos se había armado por haber tropezado con este tipo burlón, que había salido del bar sin darme cuenta. 

- Todo estará bien.- dijo Gilbert, más rogando que afirmando. 

Cerré mis ojos, era mejor acabar con este sufrimiento aquí y ahora. Aprovechemos las circunstancias de la vida que pusieron una bala en mi pecho. Deje caer los párpados poco a poco, lo suficientemente lento para ver cómo entraba el burlón de nuevo y le prendía fuego a todo el lugar. El fuego consumía todo y pronto consumiría mi carne tendida, ojalá ya muerta. 

jueves, 22 de agosto de 2019

Última noche sentida.


He estado pensando como debería pasar todo,
cómo acabar lo que ya acabó,
darle un final digno.
Solo pienso que la muerte más digna
sería esa que está entre las líneas de coca y tu coño.

Aquí estoy, buscandote desesperadamente
entre la coca que he derramado en el piso.
Aquí estoy, sin un hogar;
no hay nada, en ningún lugar,
que me recuerde a casa.

No porque no haya similitudes en ciertos lugares,
sino porque no hay nostalgia que me haga
vibrar las percepciones.

No hay nada ni en el hogar donde crecí,
ni en el barrio donde me crié,
nada en las calles que me esculpieron
que me haga sentir algo.
Del barrio y las calles no me llevé nada,
solo recuerdos, nostalgia de amigos que ya están lejos.

Recuerdos que olvidaría si eso
aliviara el vacío y el dolor y la sed que me agobian.

Recuerdos de una casa que, si bien sigue en pie,
se ha derrumbado ya un par de veces.
Recuerdos de un lugar donde mi alma es torturada,
paredes que gritan y sollozan constantemente,
no basta el clamor de mi alma,
esa casa que deje atrás agoniza tanto como yo.

Recuerdos de paredes manchadas con lágrimas
de un niño cuya alma fue cercenada
y su inocencia arrebatada.
Paredes manchadas de fluidos que encarnan
la muerte misma, el coño y la coca esparcidas por la casa.
Un solo destino compartido por ambos,
que son el mismo,
que soy yo.

Hoy soy aquel niño y este hombre
que es atropellado repetidas veces.
Grito desde las vías del tren desesperado
arrancado mis extremos de esta fuerza invisible
que me abraza, que me aplasta y
me hunde en un jardín árido y muerto.

¿Con qué razón me despido si el polvo de mil estrellas se derrama en mi rostro?
Me han petrifcado y he perdido el deseo de todo.
Fumar por fumar,
comerte la carne por comerte la carne.
Intercambiar aire por líneas interminables de coca
y así asegurarme el último suspiro,
la libertad plena abriendose camino
por mis venas abiertas.

Si es cierto que las paredes escuchan, entonces,
el barrio entero solloza por nuestro regreso,
un sollozo apenas audible entre el ruido
infinito del silencio.

Mientras los muros de cristal que me vieron nacer,
lloran mi despedida con el lamento de quienes
lo han perdido todo en la noche más oscura,
imitando así el sollozo de aquel niño que murió en la cocina.

viernes, 18 de enero de 2019

Vencedor vencido.

Cuadro ansioso by S. Molinatti


Es el momento de salir del laberinto,
de hacer simbiosis con mi mente,
el jardín se perdió, no habrá volver atrás.

En el fondo soy yo quien observa,
una mezcla narcisista entre el miedo y la soledad. 
No hay opción cuando te empujas a ti mismo.
No ha camino que no acabe en el mismo destino.
Yo lo creé, nos fuimos lejos, Einstein.

He aquí la súplica,
el aleluya de los condenados,
la hora del minotauro muerto,
lo vendimos con el lenguaje del llanto,
poder de trovas, de prosas.
Reyes de nada, el laberinto aclarece.

Una sola, Hesse nos recomendó el camino,
"Pregunten por los poetas malditos" dijo,
"Eviten a Dante y Vallejo y Pessoa y Lorca"

Una sola patada al alma,
el violín de los ángeles.
Este es el camino, este el destino.
El fervor de los sedientos,
Borges en la ciudad de los inmortales.

Un poco loco estaba, ¿no?
Observa, es la hora de hablar de ella.
A.P. y su manía de entregarme al misticismo
de las sombras, de lo oculto.
Honrame con tu presencia y dilata
mi agonía por conocimiento. 

Es aquí, entre la luz de los perdidos,
Donde se siente el aire puro,
el piso lleno de cristal machacados
por pies sucios de brea y cansancio.

Es aquí donde el camino se hace
angosto, estamos por salir,
solo una gota, un último suspiro.
Me entrego a mí y a los poetas malditos.

No habrá destello de luz fuerte,
no habrá lenguaje escrito, hablado, señalado.
Se ha roto el tiempo y difuminado el alma.
La debilidad de los barrotes,
el curso final de la vigilia.

¿Qué fue de Dante y Vallejo y Pessoa y Lorca?
Un frenético rompe cabezas...

Alejandra.

El laberinto concluye, 
Borges espera por nosotros con la ayuda de los inmortales.
Homero, Shakespeare, una toma de posesión eterna.
De nuevo, reyes de nada.

"Henos aquí condenados, atados,
eres, serás y vivirás como nosotros"
Una larga metamorfosis,
evolución surreal de los malditos condenados.

El laberinto, espirales, se rompió el vaso.
"Me presento" escuché en trova y en prosa,
cantar del cielo que nos cubre
"Soy el ave que se voló" un trueno rompiendo el alma.
"Revienta todo en ti para salir"
larga agonía, ansiedad, el ilustre vivir de los muertos.

El laberinto, la soga que me ata, Alejandra, el laberinto...

Estuvimos cerca, maestro,
tomaremos posesión pronto, nosotros los inmortales cobardes.
El laberinto... se desarmó.

viernes, 1 de junio de 2018

(24/10/2015)

Se me propone finalizar 
con esto
de manera rápida e indolora.
Pero la jaula es hueca
y aún escucho la voz
de los cuervos vibrar.

~Lalala...

jueves, 17 de mayo de 2018

Perdidos, nos encontraremos.



Perdimos, ¿qué perdimos?
¿Libertad? No existe sin humanidad.
¿Camino? Lo hicimos al andar.
¿Amistad? La convertimos en lealtad.

¿Qué sería de mí sin Francia?
¿Qué sería de mí sin España?
Y sin embargo, ¿qué es de mí?

Un largo sendero amazónico, andino, desértico, agonico.

¿Qué sería de mí sin sangre y tierra?
¿Qué sería de mi sin María y sin el mar?
Y sin embargo un río de miedo y esperanza.

Perdimos un centenar de historias,
una década de futuros.

Nos encontraremos en la Lima del sol y el agua.

Nos encontraremos en el Miami del techno y la osadía.

Nos encontraremos en la España despreocupada y llena de confianza.

Nos encontraremos navegando la Plata tímida y orgullosa.

En el Atlántico inmenso elevándolos como islas silbantes.

Cruzaremos el desierto hasta ver brillar las estrellas ansiosas.

Nos encontraremos tan cerca como en el Medellín de las fotos y el arte.

Recorreremos los 7 mares y los 2 océanos.
¿Perdimos? No perdimos más que tiempo.

Pero nos encontraremos en el camino que nos hizo ser. 

En la tierra que nos expulsó, nos encontraremos.

lunes, 14 de mayo de 2018

(14/05/18)


¿Qué hicimos con las ceremonias,
las caravanas que urgian por romanticismo,

los vals memorables de Viena,
las bodas de invierno,
las emperatrices veraniegas?

¿Qué hicimos con el baile de las aves?

sábado, 18 de marzo de 2017

(16/03/17)

              



Un acorde
                                             el humo titilando
un piano que
                                            tururu- tururu.
Seducción...
                                  a game.

A Maga (17/03/17)




Tú eres café tostado.
Yo, tengo el molino.

Fuego, aroma caribeño.
Tierra, vibración latina.
Agua, movimientos jazzistas.
Aire, suave pluma.

Tú eres sentimiento vivo.
Yo, el final de tu camino,

la promesa que nunca hicimos,
el amor que nunca enfría
en invierno.
Una ebullición de carne.

Tú eres café molido.
Yo, un adicto a la cafeína.

sábado, 7 de enero de 2017

"La hora 25"

"Una vez hice un crucero en un submarino- dijo Traian-. Permanecí mil horas bajo el agua. Hay en los submarinos un aparato especial para indicar el momento preciso en que es necesario renovar el aire. Pero antes de existir esos aparatos se embarcaban a bordo conejillos blancos. En el momento en que la atmósfera se hacia tóxica, los conejillos morían y los marinos sabían que no les quedaban más que cinco o seis horas de vida. En aquel instante el capitán tenía que tomar la decisión suprema: no hacía un esfuerzo desesperado para remontar a la superficie o no abandonaba el fondo y moría con todos los demás. Habitualmente, para no verse morir se mataban entre sí a tiros.

En el submarino donde me hallaba no habían conejillos blancos, pero sí aparatos. El capitán observó que yo notaba la mínima disminución de la cantidad de oxigene. Se burló de mi sensibilidad y luego dejó de utilizar los aparatos. Yo le fui indicando con una precisión, siempre confirmada con los aparatos, si había bastante aire.

Es un don que tenemos, los conejillos blancos y yo, de sentir seis horas antes que el resto de los humanos el momento en que la atmósfera se hace irrespirable. Pues bien: desde hace algún tiempo me acomete igual sensación que sentí a borde del submarino: la atmósfera se ha hecho sofocante."

("La hora 25" C. Virgil Gheorghiu. Libro primero, cap. 54)

Venezuela se convirtió, de una manera u otra, en un submarino en lo profundo del océano. No hay aparatos que indiquen que es necesario renovar el aire, y de haberlos, están inservibles o apagados. Ahora, hay conejillos blancos, miles, millones. ¿Quiénes son? ¿Dónde están? No sabemos. Pero aquí estamos, treinta millones de humanos maquinizados (¿O de maquinas humanizadas?), empujándonos unos a otros al vacío de la barbarie permanente.

Estamos viviendo nuestras últimas 6 horas, sin saber cuando han comenzado. ¿Cuándo murió el último conejillo blanco? ¿Cuántas horas nos quedan? ¿Quién es nuestro capitán?

Las respuestas a estas interrogantes están flotando entre nosotros, tan obvian que nadie las ve. Estamos concentrados en que los engranajes de nuestra barbarie no se detengan, tanto, que aún no resolvemos si matarnos a tiros entre nosotros mismos o subir a la superficie y retomar nuestra civilización.

A modo de advertencia; se acerca la hora veinticinco.

"El momento en que toda tentativa de salvación se hace inútil. Ni siquiera la venida de un Mesías resolvería nada. No es la última hora, sino una hora después..."

("La hora 25" C. Virgil Ghioghiu. Libro primero, cap. 15)

sábado, 2 de abril de 2016

Soy Alejandra

Foto de: Esfinge

Soy el lunar
En el pecho de Alejandra.
Soy el vello púbico
De Alejandra.
Soy las lágrimas
De Alejandra.
Soy los dedos que
Masturban a Alejandra.

Soy la pestaña que cae
En el cachete de Alejandra.
Soy las cicatrices en
Los muslos de Alejandra.
Soy el orgasmo prolongado
De Alejandra.
Soy la inexistencia de Alejandra
Y mientras yo exista
Alejandra solo será
Nada. 


martes, 29 de marzo de 2016

El ultimo adiós




Calles adoquinadas con cúmulos de polvo en las orillas de la acera, simple, el cielo tan azul como aquel mar que golpea las costas del país que alguna vez dejé atrás. Sola, vago por doquier, sola, la verdad estoy durmiendo y aún tardo en darme cuenta. Tengo que despertar.

Tomo el cigarrillo que descansa en la orilla de la ventana, me limpio la baba que cae sobre mis mejillas, marcadas por las arrugas de las sabanas, sino supiera que estaba acostada diría que son heridas de guerra. No me cuesta nada encender un cigarro aún sin haber movido el primer pie hacia el piso ¿para qué esperar? El lavamanos está justo al lado de mi habitación y aun así camino 3 metros más para servirme café.

Café, cigarrillo, me rasco el culo porque alguna hormiga me ha mordido, riego las plantas del patio, es increíble como una mano muerta puedo hacer crecer plantas.

Bueno, me digo, este día será difícil, debo cepillarme los dientes hasta dejarlos blancos. Me detengo en el lavamanos, abro el chorro de agua y apago la colilla de cigarro para poder echarla en el pote de basura. Hasta ahora un día cualquiera. La vida sigue siendo difícil, en definitiva debo llevarla al máximo.

Me coloco una falda sencilla, y mis botines, una blusa que podría jurar lleva cuatro días sobre la cama. Debo salir de estas 4 paredes tan asfixiantes. Voy a casa de mi amigo y enciendo el tercer cigarrillo, que pasada, ya no siento los pulmones.

Es gracioso como después de un tiempo deja de importarte lo que alguna vez juraste proteger y así ya puedes llorar y hablar de ello y así ya puedes fornicar con el mismo sexo o con el otro o con una mezcla tan humana como yo. El temor, ese es el primer prejuicio que romper, que me chupe el culo y me arranque las malas vibras.

Who i am?

Hablo con mi amigo sobre qué haremos durante el día, estoy cansada de los psicotrópicos que me hacen querer vivir, no quiero eso, aunque podría ahogarme en un monte de ellos y bañarme en cerveza mientras un par de mal nacidos me lengüetean, la puta lengüeteada, la puta manoseada, la puta alcoholizada, la puta.

- Lo que quieres es morir antes de tiempo

- La verdad, sí, hoy de hecho es un buen día para morir.

Me rasco el culo, malditos insectos, una crucifixión es incluso más sobre llevadera que esto. Las voces…

- Ven, vamos por café

Caminar por mi urbanización es como caminar en las colinas del Hades, tan infernal y putrefacto que podrías decir que quieres vivir, imagínense el horror.

- ¿Ves cómo todo suele dar vueltas y el camino se hace más frío que incluso las brasas más calientes del Sahara no podrían calmar? Acompáñalo con una sonata, los tres tenores, Pavarotti, justo acá- mi cabeza- inclúyele una dosis inexacta de frigidez post- mortis en la pussy.

- ¿Qué mierdas hablas?

- Nada… desvarío, mira que linda ave.

The voice of birds is a deaf whistle…

Mi amigo, el único entendido en la materia de la Amistad. A-m-i-g-o.

¿Desvarío? Solo creo creer que él cree entenderme.

El café suele ser fuerte, amargo, tibio, caliente, frío, suave, justo igual que las pornos y el sexo, justo igual que un buen tabaco o una buena cerveza. Pero un café justo antes de las decisiones siempre es igual, tan amargo como la vida.

- ¿Alguna vez has logrado dejar tu mente en blanco? Ya sabes, como estos budistas, borrar incluso el hecho de respirar. Pensamos, pensamos, pensamos. ¿Y que nos queda? Una orgía en la cabeza, de emociones, de pensamientos, de insomnios acumulados… Es horrible 

- Para eso es la meditación Alejandra, para liberar la mente.

- Meditación, es mierda. Meditas ¿para qué? Piensas en meditar y al final sigues pensando que meditas. Un largo Ohm y una patada al culo, o que se yo, y ahí te quedas. Horas pensando que ya no piensas en pensar. ¿Comprendes? La única meditación valida es el mejor orgasmo del mundo, sobre todo el de nosotras las féminas. Y un buen tiro en la cabeza…

- Jajaja.-se ríe, ¿me toma el pelo?- Cada quien tiene distintas formas de llegar al catarsis Alejandra.

- No me importa, para ser sincero, llegar a la catarsis. Solo dejar de pensar. El pensar es la propia autodestrucción, lástima que aprendí a amar el pensar. Nunca pienses, lo sano es ser ignorante. ¡JA!, mira cuantas estupideces digo.

Al parecer sigo desvariando, las voces, los tenores, las aves… El cuervo maldito que me quiere arrancar los ojos y la lengua, mi vida…

Tanteo con el cigarro la orilla de mi taza ya vacía y pido otra taza con más café.

- La ignorancia no es excusa, para poder soltar esa ira primero debes conocerla y luego arrearla, eso lo puedes lograr quizás con meditación.- me responde.

- A la mierda, cariño, pon a meditar tu maldito culo. ¿Qué acaso no comprendes? (Si mañana cierro un negocio compro una de anís. ¿Compras el refresco?)- mañana será otro día- Soltar ira... Yo no sé soltar ira. La ignorancia es el mejor arma que poseemos algunos, tú, yo, pero no sé aún si la usamos como deberíamos. Sueno mucho a quien
conocemos, en parte lo sé. Pero la verdad es que deberíamos aprender a pensar menos y torturarnos menos. Después de eso, será más fácil lograr perder muchas cosas.

- ¿Mañana? Vamos por esa de anís justo ahora.

Después del café y las decisiones importantes se puede ahogar una en alcohol, incluso quizá se puede follar, petite mort, las vagancias de la putería. ¿Qué mierdas te sucede Alejandra? La vida, Alejandra, la vida. No, la muerte, sweetheart, la muerte es autodestructiva.

- Date el primer trago Alejandra, las damas primero

- Jodete, maldito.

Sin pensarlo me bebo un cuarto de botella de un jalón. Nos hace falta un cigarrillo, enciendo dos, después de todo…

- ¿No crees que has estado fumando y bebiendo mucho?

- ¿Cuánto es mucho?

- Alejandra, ya llevas una caja y media y un cuarto de botella.

- La vida es muy corta, 20 años y heme aquí, la vida es una puta desubicada.

- ¿Qué te pasa?

A la mierda, llorar nunca fue más fácil, el Egipto, sobre mi rostro y bajo mis pies. El Danubio, la danza, las aves que amenazan mi cordura. Da-vid.

- Cierra la boca, David, ¿crees que una botella de anís y unos cuantos cigarros nos derrotaran? A ti que has vencido a Goliat y a mí que me he follado a dios y al diablo.

- ¿Y que nos podría derrotar?- ese terror, ese prejuicio en su mirada, los lamentos.

- Quizá una soga al cuello o un auto en la quinta…
Otro cigarro, las lágrimas, la mierda y el pavimento que ya empieza a derretirme. Me quito las botas y veo la herida que supura. Cayos, callas, cayenas, las flores jamás fueron tan hermosas… Desvarío.
Nos sentamos en la acera a fumar y a beber. Madrid, Buenos Aires, Córdoba,
México DF, Bogotá, San Cristóbal, Londres… Un mundo a nuestro alrededor y encerrados bajo la sociedad más podrida de la humanidad podrida… Valencia.

- Venga, “Bien bello”- popular borracho del antro en que se convirtió este pueblo- pasa esa botella

- Dale dos al muñeco Alejandra, dame un cigarro.

- Agarre ahí, rey de reyes.- y de otro jalón vacío el último cuarto de botella
Quizá la última carcajada, tan estúpida, tan suave, tan inhumana, tan irreal, espanta incluso al perro más vagabundo o al hombre más erecto, una risa anti libido que estresa incluso a una gota que cae sobre mis senos.

- Alejandra ¿es hoy el día?

- Incluso ayer hubiese sido preciso, mira David, observa, no, no, observa, no le prestes atención a como mis ojos pierden su brillo, observa como el sol cala tan inminente en los árboles, observa como incluso las aves le temen, yo estaré allí. Alfa y omega David, como tú con Goliat le daré un garrotazo a la muerte.

- Pero Alejandra, ¿no es aún muy temprano?

Y como un niño a quien le es arrebatado su juguete favorito insistía en que no lo hiciera. Mierda. La decisión fue tomada tras un trago de café, una botella de anís y quizá ya 3 cajetillas de Marlboro, no había tiempo para decir adiós.

- El tiempo ya no importa, ¿qué diferencia hay entre 20 o 30 o 40 años cuando la vida ya no quiere que seas? Mírame, ya no puedo ver más allá de aquel cuervo y no puedo escuchar más allá de lo que hay en mi cabeza. Me imploran, David, la mu-er-te.

- No participaré en ello

- Nadie te lo ha pedido. Necesito un hombre que me convierta en polvo, que con una lanza me abra las costillas, pues así fue escrito, David.

- Te subes a la nube más alta y jamás podrás bajar de ahí Alejandra, todo puede ser solucionado solo si tú quieres.

- Las soluciones pasan por más problemas, no puedo soportar un día más. Despídeme de quienes merecen mi despido y de quienes no también, diles que mi último deseo fue que jamás me olviden.

Así, sin más, caminé a casa, debía hacer algo antes de morir. Petite mort.

Hoy, en estos días tan turbios, no hay verga que pueda saciarme, solo yo y mis dedos, mis mutilados dedos, la gloría del dedeo, la gloría de la muerte, justo sobre mis manos, honrando lo que está por suceder, honrando incluso a la muerte, la ultima estrategia para confundirla, mantenerla dormida, la muerte entre mis piernas, la muerte recorre mi cuerpo, la muerte suspira por mí y yo… camino al último punto donde alguien podría encontrarme, la escuela abandonada de la urbanización de al lado.


Las aves están conmigo, el pitido sordo que hace espacio en mí, el silencio y la oscura tempestad de la noche. Diez pisos de aulas mal ubicadas, diez pisos de eternidad, los últimos diez pisos antes de mi muerte. Me quito la ropa, solo me dejo unas bragas que juraría encontré en mi bolso una noche de cordura en un bar, aquellos días, alcohol, sexo, drogas… la mierda de la putería, la pasiva autodestrucción. No le daré el gusto a la muerte.

- Alejandra, es este tu camino, un paso y serás libre. No, no, no, Alejandra, solo brinca, es más fácil.

- Cierren la boca, déjenme en paz por favor.- nunca había hablado con tanta serenidad.

La desdicha del quebranto. Cuanto duele morir, el calvario de los diez pisos.

- ¡Padre, ¿por qué me has abandonado?! ¿No fue suficiente para tus juegos? Mírame, aquí como vine al mundo, tan puta y destruida como me dejaste, el olvido, la soledad, han hecho su trabajo. Yo ya no soy Alejandra. ¡¿QUIÉN SOY MALDITA SEA?!

Las voces, la mirada cautivadora de la muerte, el roce seductor de sus dedos… Maldita sea, no le gané, no la logré confundir, me ha follado. Padre, me has dado el último gran regalo y es un maldito regalo, incluso la mirra, el oro y el incienso fueron mejores… El vacío. Alejandra, la inmortal Alejandra…

lunes, 28 de marzo de 2016

El lenguaje del llanto



La inercia de un
Cuerpo en llanto 
Arropado por la decepción.
Un puñal de un corte
Desgarrador,
Incluso los coyotes eran
Menos crueles que lo
Que reflejaba aquel
Cuerpo de hombre de
Nueve años.

Una infinidad de palabras
En el llanto, una lengua
Que no todos conocen
La soledad.
La soledad vacía.

La soledad completa
Arránquenme el alma
Y háganla humo
Sofocador.
Para… un hombre
Que ya está muerto

El lenguaje del llanto
No consuela 
Pero sí vacía
Y llena. 

domingo, 27 de marzo de 2016

Cartas literarias a una mujer. Becquer



En una ocasión me preguntaste:

-¿Qué es la poesía?

¿Te acuerdas? No sé a qué propósito había yo hablado algunos momentos antes de mi pasión por ella.

-¿Qué es la poesía? - me dijiste.

Yo, que no soy muy fuerte en esto de las definiciones te respondí titubeando:

- La poesía es..., es...

Sin concluir la frase, buscaba inútilmente en mi memoria un término de comparación, que no acertaba a encontrar.

Tú habías adelantado un poco la cabeza para escuchar mejor mis palabras; los negros rizos de tus cabellos, esos cabellos que tan bien sabes dejar a su antojo sombrear tu frente, con un abandono tan artístico, pendían de tu sien y bajaban rozando tu mejilla hasta descansar en tu seno; en tus pupilas húmedas y azules como el cielo de la noche brillaba un punto de luz, y tus labios se entreabrían ligeramente al impulso de una respiración perfumada y suave.

Mis ojos, que, a efecto sin duda de la turbación que experimentaba, habían errado un instante sin fijarse en ningún sitio, se volvieron entonces instintivamente hacia los tuyos, y exclamé, al fin:

-¡La poesía..., la poesía eres tú!

¿Te acuerdas? Yo aún tengo presente el gracioso ceño de curiosidad burlada, el acento mezclado de pasión y amargura con que me dijiste:

-¿Crees que mi pregunta sólo es hija de una vana curiosidad de mujer? Te equivocas. Yo deseo saber lo que es la poesía, porque deseo pensar lo que tú piensas, hablar de lo que tú hablas, sentir con lo que tú sientes; penetrar, por último, en ese misterioso santuario en donde a veces se refugia tu alma y cuyo umbral no puede traspasar la mía.

Cuando llegaba a este punto se interrumpió nuestro diálogo. Ya sabes por qué. Algunos días han transcurrido. Ni tú ni yo lo hemos vuelto a renovar, y, sinembargo, por mi parte no he dejado de pensar en él. Tú creíste, sin duda, que lafrase con que contesté a tu extraña interrogación equivalía a una evasiva galante. 

¿Por qué no hablar con franqueza? En aquel momento di aquella definición porque la sentí, sin saber siquiera si decía un disparate. Después lo he pensado mejor, y no dudo al repetirlo; la poesía eres tú. ¿Te sonríes? Tanto peor para los dos. Tu incredulidad nos va a costar: a ti, el trabajo de leer un libro, y a mí, el de componerlo.

¡Un libro! - exclamas, palideciendo y dejando escapar de tus manos esta carta -.

No te asustes. Tú lo sabes bien: un libro mío no puede ser muy largo. Erudito, sospecho que tampoco. Insulso, tal vez; mas para ti, escribiéndolo yo, presumo que no lo será, y para ti lo escribo. 

Sobre la poesía no ha dicha nada casi ningún poeta; pero, en cambio, hay bastante papel emborronado por muchos que no lo son.

El que la siente se apodera de una idea, la envuelve en una forma, la arroja en el estudio del saber, y pasa. Los críticos se lanzan entonces sobre esa forma, la examinan, la disecan y creen haberla entendido cuando han hecho su análisis.

La disección podrá revelar el mecanismo del cuerpo humano; pero los fenómenos del alma, el secreto de la vida, ¿cómo se estudian en un cadáver?

No obstante, sobre la poesía se han dado reglas, se han atestado infinidad de volúmenes, se enseña en las universidades, se discute en los círculos literarios y se explica en los ateneos. 

No te extrañes. Un sabio alemán ha tenido la humorada de reducir a notas y encerrar en las cinco líneas de una pauta el misterioso lenguaje de los ruiseñores. Yo, si he de decir la verdad, todavía ignoro qué es lo que voy a hacer; así es que no puedo anunciártelo anticipadamente.

Sólo te diré, para tranquilizarte, que no te inundaré en ese diluvio de términos que pudiéramos llamar facultativos, ni te citaré autores que no conozco, ni sentencias en idiomas que ninguno de los dos entendemos.

Antes de ahora te lo he dicho. Yo nada sé, nada he estudiado; he leído un poco, he sentido bastante y he pensado mucho, aunque no acertaré a decir si bien o mal. Como sólo de lo que he sentido y he pensado he de hablarte, te bastará sentir y pensar para comprenderme.

Herejías históricas, filosóficas y literarias, presiento que voy a decirte muchas. No importa. Yo no pretendo enseñar a nadie, ni erigirme en autoridad, ni hacer que mi libro se me declare de texto.

Quiero hablarte un poco de literatura, siquiera no sea más que por satisfacer un capricho tuyo, quiero decirte lo que sé de una manera intuitiva, comunicarte mi opinión y tener al menos el gusto de saber que, si nos equivocamos, nos equivocamos los dos; lo cual, dicho sea de paso, para nosotros equivale a acertar.

La poesía eres tú, te he dicho, porque la poesía es el sentimiento, y el sentimiento es la mujer. 

La poesía eres tú, porque esa vaga aspiración a lo bello que la caracteriza, y que es una facultad de la inteligencia en el hombre, en ti pudiera decirse que es un instinto.

La poesía eres tú, porque el sentimiento, que en nosotros es un fenómeno accidental y pasa como una ráfaga de aire, se halla tan íntimamente unido a tu organización especial que constituye una parte de ti misma.

Últimamente la poesía eres tú, porque tú eres el foco de donde parten sus rayos.

El genio verdadero tiene algunos atributos extraordinarios, que Balzac llama femeninos, y que, efectivamente, lo son. En la escala de la inteligencia del poeta hay notas que pertenecen a la de la mujer, y éstas son las que expresan la ternura, la pasión y el sentimiento. Yo no sé por qué los poetas y las mujeres no se entienden mejor entre sí. Su manera de sentir tiene tantos puntos de contacto... Quizá por eso... Pero dejemos digresiones y volvamos al asunto.

Decíamos ¡Ah, sí, hablábamos de la poesía!

La poesía es en el hombre una cualidad puramente del espíritu; reside en su alma, vive con la vida incorpórea de la idea, y para revelarla necesita darle una forma. Por eso la escribe. En la mujer, sin embargo, la poesía está como encarnada en su ser; su aspiración, sus presentimientos, sus pasiones y Destino son poesía: vive, respira, se mueve en una indefinible atmósfera de idealismo que se desprende de ella, como un fluido luminoso y magnético; es, en una palabra, el verbo poético hecho carne. 


Sin embargo, a la mujer se la acusa vulgarmente de prosaísmo. No es extraño; en la mujer es poesía casi todo lo que piensa, pero muy poco de lo que habla. La razón, yo la adivino, y tú la sabes. Quizá cuanto te he dicho lo habrás encontrado confuso y vago. Tampoco debe maravillarte. La poesía es al saber de la Humanidad lo que el amor a las otras pasiones. El amor es un misterio. Todo en él son fenómenos a cual más inexplicable; todo en él es ilógico, todo en él es vaguedad y absurdo.

La ambición, la envidia, la avaricia, todas las demás pasiones, tienen su explicación y aun su objeto, menos la que fecundiza el sentimiento y lo alimenta.

Yo, sin embargo, la comprendo; la comprendo por medio de una revelación intensa, confusa e inexplicable. Deja esta carta, cierra tus ojos al mundo exterior que te rodea, vuélvelos a tu alma, presta atención a los confusos rumores que se elevan de ella, y acaso la comprenderás como yo.

GUSTAVO A. BECQUER