miércoles, 31 de julio de 2013

Las desgracias de Somál.

Siempre he leído y me han dicho que los escritores deben intentar intervenir en sus libros lo menos posible, pienso que así debe ser y en todo lo que he escrito hasta ahora he intervenido lo menos posible, hasta llegar al punto que dudo de que yo lo escribí. Esta vez intervengo, no en la historia, sino antes de que se empiece a escribir el capítulo número diez de "Las desgracias de Somál"; sólo para dedicarle mi más apreciado cariño a cada lector de este blogger y de esta historia, a esos que como yo disfrutan de la literatura negra, o más bien bizarra. También para dejar en claro, me he sorprendido a mí mismo. Continuamos. 


Capítulo X.

Desperté algo adolorido, la espalda me dolía muchísimo; supongo ese sería el vivo recuerdo de lo que le hizo a fräu Karla, las cicatrices de mi mal. Al levantarme, vi en una pequeña mesa de madera un plato con una arepa y una pequeña nota que ponía: "Buenos días, disfruta la arepa, luego sal y reencuentrate con Tacarigua". Era una caligrafía fina, muy elegante, parecía haber sido escrita por una mujer. Desayuné, parece que no hay dónde darme una ducha, así que me vestí y salí del liceo, con mucho cuidado, nadie debía verme. 

La U. E. "María Virgen Misionera" junto a su sede de varones "Cisama" estaba desolada, ya no había nadie en ella. me acerqué al salón que sirvió de dirección del plantel y vi que en la puerta había una placa de hierro donde decía: "la institución en particular ha cerrado sus puertas debido a la falta de personal, el director será fusilado por desviación de fondos. Julio de 2010". ahora entiendo porque la han tomado como base de la rebelión, creo que he tomado el camino correcto, aunque aún estoy confundido, ¿quién deseo ser realmente? ¿Arnold Hofferman, rico, alemán, con posibilidades de llegar lejos en política y en las SS o Somál, pobre, débil, sin posibilidad alguna de llegar lejos a ningún lado?

Mientras caminaba desde la entrada del liceo hasta la antigua grieta en donde dormí hace años pensaba esto, y no llegaba a conclusión alguna. Decidí ir a saludar al viejo Karl en la bodega.
Herr Karl, el viejo de la bodega. 

- Buen día, joven. ¿qué se le ofrece?.- me dice el viejo Karl, no sin antes saludarme con el "heil Führer", al parecer no me reconoce. 

- Buen día, señor. Deme una bebida, lo que tenga.- le digo luego de saludarle debidamente.

- Sólo tenemos comida, muchacho, si quieres agua ve con la dama de la esquina.

- Pues deme algo de comer, algo dulce.- le exijo.- Y dígame, ¿dónde puedo encontrar al niño que dormía en la grieta de allá?

- Ah, al niño Somál. No sabría decirle, joven. Se fue hace mucho tiempo y más nunca volví a verle, siendo sincero, le he extrañado.- se escucha triste. 

- No debe extrañar más, viejo Karl.- digo sin aguantarme.- Soy yo, viejo, Somál. Aunque ahora debes llamarme Arnold Hofferman. 

El viejo Karl aspiro hondo en gesto de sorpresa, salió corriendo de la bodega y me tomo por lo hombros.

- Venga, muchacho, si que has crecido. Y ahora eres miembro de las SS y además llevas el apellido del que fue el hombre más poderoso de la región. ¿qué te ha sucedido? 

Le conté toda mi historia desde que me fui caminando a Valencia, de vez en cuando hacía una pausa para que el viejo Karl dijera algo; sólo lograba decir "guao" o aspiraba hondo. Al terminar me abrazó y me saludo con un fuerte "heil mein Führer", erguido de espalda y con la frente en alto. Le respondí el saludo y luego entramos a su casa. Quería agradecerle todo. 

- Señor Karl, déjeme darle toda mi gratitud inmensa. Si no hubiese sido por su cariño y su bondad estuviese muerto y nunca fuese sido lo que soy.- saqué un fajo de marcos alemanes, al menos unos 5000 marcos y se los puse en la mano.- Acepte esto, señor. Pero escóndelo bien, no deje de trabajar en su bodega y no lo derroche. Es en honor a mi eterna gratitud.

El viejo lloraba cuando dejé su casa, estaba atónito por mi regalo, no sabía que decir, me do un abrazo antes de irme y un "heil mein Führer" más fuerte que el anterior. Estaba satisfecho, ahora quería buscar donde dormir, fui a verme con Manolo. 

Al llegar a la comandancia del Ejercito de infantería y de Aviación me hicieron pasar a una oficina en lo más profundo de los cuarteles, era un lugar pequeño y oscuro. En la entrada la bandera roja con las esvástica y la bandera italiana con una esvástica en el medio se hondeaban prominentes. Al entrar fräu Susan y Manolo estaban charlando sobre algo, no logré escuchar sobre qué. 

- Buen día Arnold.- me dijo Manolo y me guiñó el ojo.- Ven, pasa. 

- Buen día, comandante.- dije y saludé con el saludo correspondiente, entiéndase "heil Führer".- Buen día fräu Susan.- le bese la mano. 

- Buen día, Arnold. ¿cómo te va? 

- Muy bien, fräu, ¿y usted? 

- Bien, estaba diciéndole a herr Manolo que debemos visitar lo campos de azúcar, al parecer hay problemas allí, ¿nos acompañas? 

- Por supuesto.- dije-  ¿Nos vamos? 

- Sí, vamos.- dijo Manolo, tomó su lumper y las llaves del carro militar, para luego dirigirnos a los campos de azúcar. 

Al llegar al lugar un anciano general nos recibe.

- Heil mein Führer.- saludamos todos. 

Manolo se acercó y le dio la mano.

- Un grato saludo, herr Karl.- saludó. Ya recuerdo, este anciano debe ser el general que dirige los campos, herr Rodolf me lo había mencionado.

- Venga, herr Manolo, fräu Susan, muchacho; pasen todos.- al entrar me pregunto quien soy.

- Hofferman, Arnold Hofferman, herr general.

- Dios mío, muchacho, ¿eres tú e hijo de Rodolf, que Dios lo tenga en su gloria, del que me hablo hace años?

- Sí, herr general. 

- Pues venga, dame u abrazo. Tu padre y yo fuimos muy buenos amigos, y nadie lo representa mejor que herr Manolo, ¿no es así? 

- Sí, herr general, nadie mejor que herr Manolo para seguir el camino de mi padre. 

- Exacto, pero sólo hasta que tú tengas edad, muchacho. 

Manolo carraspeó.

- Herr general, el muchacho aún no conoce esa información.- dijo seriamente.- Está alistado en las SS, allí hará un gran trabajo junto al legado de su padre. Herr general, venimos por su carta, ¿qué sucede? 

- Ah, Manolo, es difícil para mí controlar todo sólo, ya estoy muy viejo. Necesito jubilarme, te hice venir para que me ayudes a escoger un buen sucesor, que sea de tu confianza. 

- Déjemelo a mí, herr general. Firme su jubilación, dejaré a Arnold a cargo mientras nombro a su sucesor.- y colocó un papel frente a herr Karl.- Firme y deje todo en mis manos. 

Herr Karl firmó y agradeció a Manolo y a mí, reverenció a fräu Susan y tomo su chaqueta y se fue en su volkswagen negro. 

- Vaya, eso fue rápido.- dije.- No comprendo, Manolo, ¿por qué te apresuraste a dejarme a mí? 

- Ya entenderás. 

A los pocos minutos entendí todo, entró a la oficina Gabriel, el era el líder de los negros de campo. 

- Acabo de enterrar al hijo de Sandro, herr Karl le ha fusilado esta madrugada por hablar. Supongo por eso te hizo venir.

- Sí, y por su jubilación, acabo de dejar todo en manos de Somál, venga, muchacho, saluda.

- Buen día, Gabriel.- le saludé, sin verle los ojos. 

- Hola, niño.- me dijo con un tono de asco. 

Fräu Susan se e acercó y me dijo al oído que no me preocupara, que ya nos haremos todos amigos, Gabriel está solo un poco rencoroso. 

Manolo fue con Gabriel a unan cabaña donde todos los esclavos dormían. Gabriel los despertó a todos y Manolo empezó a hablar.

- Buen día, caballeros. Mi nombre es Manolo, comandante en jefe del ejercito de infantería y de aviación. Sucesor de herr Rodolf Hofferman. Italiano de nacimiento pero alemán crianza.- decía.

- Ya he hablado con ellos de ti, Manolo.- dice Gabriel. 

- Entonces sin rodeos.- dijo Manolo.- Sois todos libres.- hizo una pausa en que los negros gritaron en alabanza.- Pero debéis permanecer aquí un tiempo más, trabajar como si nada, su libertad no será realmente dada hasta liberar a Venezuela de Tercer Reich, ninguno de ustedes debe hablar sobre cosa alguna, permanecerán callados y todos atenderán ordenes directas de Arnold Hofferman.- todos se asombraron, como cosa rara, al escuchar mi apellido cuando Manolo me señaló.- Él no los obligará a nada, sus peticiones serán consideradas y razonables. Todos serán libres dentro de poco. Desde este momento yo les prometo, ¡la revolución a empezado!.
Gabriel. 


Todos los negros gritaban en alabanza a Manolo y a todos los presentes, abrazaban a Gabriel y le vitoreaban, estaban alegres, las mujeres lloraban y los niñas reían. Manolo había dicho excelentes palabras y aún hablaba. 

- Siempre da discursos largos, aun cuando no lo meterían.- me dice fräu Susan al acercarse.

Todos los negro fueron a trabajar, herr Manolo regresó sólo al cuartel y fräu Susan y yo nos quedamos en la oficina que antes era de herr Karl.

 Todo iba bien por ahora, aunque aún andaba muy confuso. 

martes, 30 de julio de 2013

Las desgracias de Somál.

Capítulo IX.

Un pequeño callejón a dos cuadras de la antigua iglesia que había sido quemada 10 años atrás estaba totalmente oscuro, no podías verte la mano frente a tus ojos. La luna solo iluminaba una abertura en la pared por la que solo un hombre pasaría.

- Debemos salir en silencio, en este lugar nadie nos verá. Además con el nuevo toque de queda nadie sale de su casa a estas horas. Ya son las 10 pm; los oficiales de la GESTAPO no se acercan a este callejón.- dice una voz grave con un acento extraño, casi no se puede entender.

- Sí, entiendo, pero apresúrate de igual forma y baja la voz. una voz de mujer, melodiosa.

- Venga, muevan sus piernas.- otro hombre, su voz era más alemana, más grave y con acento.

Yo estaba en la entrada del callejón, tenía mi lumper en mano y  prestaba mucha atención a lo que sucedía.

- Venga, por aquí.- dijo la voz de mujer.

Se acercaban poco a poco, me pegué un poco más a la pared y quité el seguro de la lumper.

- Aguarden.- dijo el de acento alemán.- ¿Escucharon?

Guardé la lumper y me escondí tras un samán grande del otro lado de la calle. El hombre alemán, de cabello negro y ojos verdes, llevaba una mini uzi en su mano derecha y en la izquierda una linterna apagada. Detrás iba una señorita rubia, muy hermosa, me parce conocida. Ninguno de los dos parece peligroso, pero ¿por qué andan en cuclillas y se esconden de la GESTAPO?. De hecho el hombre de cabello negro lleva un uniforme de del Ejercito.
Mini uzi.
Faltaba el segundo hombre, el primero que escuché hablar. Seguía escondido en la oscuridad, no veía nada de él. Algo si era curioso, al hombre alemán y la mujer rubia los logré detectar antes de que salieran de la oscuridad del callejón, su piel blanca resaltaba. El segundo hombre que permanecía escondido debía ser negro, no lograba ver anda, ni siquiera sus ojos.

Los dos que salieron primero del callejón se de tuvieron y el coronel, lo supe por sus medallas, guardó su mini uzi bajo su gabardina. La señorita llevaba un vestido negro hasta sus rodillas y una gabardina negra también hasta los tobillos. Vieron a los lados, ninguno lograba verme desde allí.

- Venga, Sandro, sal, no hay nadie.- dice la mujer.

Del callejón salió un hombre negro, como predije. Llevaba una camisa de a cuadros negra y un pantalón negro, iba descalzo. Siguieron el camino por la acera, pasaron entre dos puestos de perro caliente y demás comida chatarra y cruzaron un par de puentes mal hechos, debieron andar de puntillas y muy despacio ya que los puentes sonaban horrible. Yo los seguía pero guardando espacio.

Caminaron unos minutas más y llegaron a un viejo liceo a una cuadra de la bomba de gasolina de Tacarigua. Tocaron 5 veces el portón grande y luego de  minutos se abrió una puerta por donde cruzaron. Los perdí, me dije.

No fue así, recordé cuando de niño recorría todas estas calles y que entraba varias veces a este liceo católico donde el cura me regalaba agua fresca. Nunca entraba por la puerta. Me devolví hasta el último puente de hierro que habían cruzado los extraños y antes de cruzar me desvíe por el trozo de tierra que quedaba entre la pared y la canal de aguas negras. Excelente, aún estaban los agujeros en los bloques, escalé y salté la pared. Al caer ya me estaban esperando. Tenía la mini uzi en la espalda.

- Susan, ponle la venda en los ojos.- dice el de acento alemán.- Vamos, muévete.

Me llevaron por un piso de tierra, luego por uno de concreto, era liso, lo recuerdo bien. Caminamos unos 3 o 5 minutos, deben haberme llevado al salón del final de la segunda hilera. Este liceo es un terreno inmenso y solo tiene dos hileras de salones, cada hilera de unos 10 salones. Nadie decía nada, no podría decir cuantos hombres iban tras de mí, solo sabía que delante iba la mujer llamada Susan, lo sabía por sus tacones, y a mi lado el hombre alemán que me apretaba el costado con su mini uzi.

Me sentaron en una silla, delante tenía una mesa.

- ¿Quién demonios eres muchacho?.- me preguntó el hombre alemán. Debía darle un nombre, ¿pero cual?

- Arnold Hofferman.- decidí  darle el apellido de herr Rodolf, tal vez me ayude. Escuché unos susurros.

- ¿Eres oficial de las SS?

- Cadete.- no daría respuestas largas.

- ¿Qué edad tienes?

- 17 años.

- ¿Por qué nos seguías? ¿Fuiste tú quien hizo ruido en el callejón, cierto?

- Curiosidad. Sí.- se estaban impacientando, lo notaba por su respiración.- ¿Por qué me han traído al último salón de la segunda hilera del "Cisama", sede de varones de la U. E. "María Virgen Misionera"?.- quería que supieran que conozco el lugar.- Ubicado atrás de la antigua iglesia quemada hace 10 años, quizá más.

- Venga, quiten le la cinta de los ojos.- esta vez hablo el negro del callejón.- Alguien que sepa todo eso debe ser de por aquí.

Me quitaron la cinta. Sólo estaban los dos hombres, el alemán y el negro. en la puerta pude ver a un guardia con una M- 16 en sus manos.
M- 16.

- Entonces, Arnold. Cadete de las SS y con 17 años. Conozco tu apellido, por aquí tuvimos un coronel en jefe con ese apellido. ¿res su hijo?.- me dijo el alemán.

- No soy su hijo. Herr Rodolf me dejó su apellido además de su herencia.- dije.- Creo merecer saber vuestros nombres, ¿o no?

- No veo porque no dártelos, yo soy Manolo.- dice con orgullo.- Él es Gabriel.- me dijo señalando al hombre negro a quien veo con asco.- Uhm, ¿quisieras sacar tu lumper y atravesarle el cráneo, no?

- Exactamente, eso es escoria.- dije.- ¿Eres alemán?

- No, Arnold, soy italiano, pero vive mucho tiempo en Alemania. Luego vine aquí a cumplir una tarea.

- ¿Y qué tarea es esa?

- Liberar  a América de las manos del Tercer Reich y Hitler.

Quedé en silencio pensando, ¿por qué alguien que sirve al Ejercito querría traicionar a su Führer?.

- Arnold, sirvo al Ejercito d infantería, soy comandante en  jefe, sustituto de herr Rodolf, de infantería y de aviación. Tengo a mi subordinación a más de 5 mil hombres que darían su vida por mi, no por Hitler, sino por mí. su lealtad está en mí y no en un Estado represor. Estás en presencia del líder blanco de la liberación continental de América y del líder negro de la liberación de los esclavos negros de América. Afuera hay un guardia, Henry, antes soldado protector de fräu Karla Vonfrist en las cámaras de gas que están al norte de Valencia.- dice el C/J Manolo. Ha mencionado a Henry, ¿será el mismo que conozco?.- La señorita rubia que has visto con nosotros es Susan, líder de la liberación de judíos, homosexuales y demás pueblos oprimidos de América, excepción hecha de los negros (que son tarea de Gabriel). ¿logras entenderme?.- mi mente maquina rápido.

- Sí, entiendo. Pero, explíquenme ¿por qué se rebelan ante un Estado que les da todo a Ud y la señorita Susan?

- Porque no nos dan todo, nos reprimen igual que al resto de la población, no podemos hablar ni decir nada en contra de ellos. Asesinaron a toda mi familia hace 5 años, sin saber que eran mi familia. La señorita Susan lo hace por convicción, descubrió hace poco que sus padres fueron fusilados en 1970, eran miembros activos de la resistencia formada luego de que el General Marcos Pérez Jimenes fuese ahorcado por los alemanes que ocuparon Venezuela en 1958. Y no hace falta decir porqué Gabriel lucha, supongo tienes eso claro, Arnold.

- Comprendo, pero ese negro debería estar muerto, o trabajando en los campos de azúcar.

- Sácate esa idea de la cabeza, muchacho. Desde pequeños nos metieron en la mente que los negros era basura y que no tenían derecho, una idea basada en que todos son impuros, de raza inferior, animales, simios e incontables calificativos más. Todo es mentira, Hitler llegó con ese ideal hace años ya el hombre chochea, sus discursos son dados por su hijo mayor, extrañamente idéntico. Debes olvidarte de eso, te daré una oportunidad.- le hizo una seña a Gabriel para que me desatara las manos.- Únete a nosotros, aprenderás mucho y estarás bajo mi cuidado.

Gabriel me desató, empezaba a pensar, nunca había visto a un negro actuar mal realmente, de hecho los que veía actuando mal eran los franceses, a veces algún judío, y hasta los mismos alemanes. Tal vez manolo tiene razón, debo cambiar, el ser como soy ahora hizo que Karla se suicidara, hizo que matara a fräu Karla mientras me la follaba, ¿qué demonios había hecho?. Recuerdo a Somál y lo veo tan distante.Solo podía echar la culpa a una persona, herr Rodolf, su odio me había  bañado y luego fräu Karla me terminó de bañar en su odio. Karla tenía razón, no debíamos odiar a nadie por su color, no debíamos matar a nadie ni esclavizarlo, pro era tarde, había asesinado a un francés por sobrepasarse con Karla y a fräu Karla por odio y rabia. Debía aceptar la propuesta de Manolo.

- Está bien, acepto. Pero debo decirles algo.- empecé por decirles que mi nombre era Somál, que el nombre que les dí me lo puso herr Rodolf hace más de 11 años, cuando me rescató en la calle Majagüal cerca de los campos de azúcar. Les conté que antes viví en las calles de Tacarigua, en la grieta frente a la bodega del viejo Karl.- Por cierto, ¿que ha sido del anciano Karl? ¿Aún vive?.- pregunté.

- Sí, es un anciano duro.- me respondió Gabriel.

- Que bien, deseo darle mis saludos y agradecimientos.

- Somál.- me dice Manolo.- ¿está bien que te llame así?

- Sí, no me interesa.- recordé que de niño nunca me importó como me llamaran.

- Está bien, Somál, supongo debes volver a la academia de las SS pronto, ¿dónde estás alistado?

- Luego de que herr Rodolf me llevara a su casa, al día siguiente fue a Caracas, dejándome sólo.- decidí seguir al historia, ya llegaría a la respuesta de su pregunta.- Yo tenía unos seis años, me fui al norte sin rumbo y conseguí las cámaras de gas, allí conocí a fräu Karla Vonfrist, creo que usted la mencionó hace poco. Con fräu Karla aprendí todo lo que sé ahora, sobre el exterminio de los sodomitas, judíos y negros,con su perdón Gabriel.- me hizo un ademán para que continuara.- Bien, no sólo eso, fräu Karla me enseñó muchas cosas sexuales.

Manolo hizo entrar al guardia de nombre Henry. Tenía razón, era herr Henry, el soldado amante de fräu Karla.

- Oh, Arnold, eras tú.- me dijo.

- ¿Lo conoces, Henry?.- le preguntó Manolo.

- Sí, señor. Era el protegido de fräu Karla, ¿recuerda? El chico de quien le hable hace años.

- Oh, bueno, su nombre es Somál, llamale así.- dijo Manolo.- Bien, continua Somál.

- Bueno, ahora que está usted aquí Henry. ¿Recuerda cuando torturó a  aquel sodomita frente a mí; para luego follarse a fräu Karla también frente a mí?.

- Sí, por supuesto.- dijo.

- Bien, con el tiempo, herr Rodolf volvió de Caracas y nos encontramos en las cámaras de gas. Eso fue el día de mi cumpleaños numero siete. Ese día vi a fräu Karla y herr Rodolf follando sobre una mesa de madera en una carpa. Más bien me obligaron.- bajé la mirada.- Luego con el tiempo me mandaron a Caracas con una niña llamada Karla, desde entonces pasaron 10 años, Karla y yo estudiamos juntos y vivimos juntos, ella murió hace dos días.- no daría detalles.- Yo volvía de la academia de las SS y la encontré muerta. En la academia me dieron 5 meses libres, así que volví a Valencia. Ayer le vi herr Henry, en las cámaras. Yo visité a fräu Karla, antes de venir aquí.

- Entonces has de saber que está muerta, ¿no?- me preguntó.

- Sí, claro.- le miré a los ojos y sonreí.

- Fue asesinada luego de ser violada, Manolo.- le dijo Henry a Manolo, quien me veía sin parpadear.

Manolo me siguió observando, yo le sostuvo la mirada, sonreía. Él no, el estaba serio. Gabriel tomó una silla y se sentó en la esquina del salón. Henry seguía a mi lado.

- Gabriel, Henry, salgan. Espérenme afuera.- dijo Manolo.

Los dos hombres salieron y yo seguía con la vista fija en la mirada de Manolo.

- Dime, Somál, ¿fuiste tú quien asesinó a fräu Karla?

- Claro.- la respuesta salió sola y sin filtro alguno.

- Entiendo. Supongo no sabías que ella estaba trabajando con nosotros desde hace 5 años.

- No sabía, fue cosa del acto, Manolo.- dije.- Ella era idéntica a mi Karla en Caracas, la vi sonriéndome y la tome para follarla, mientras lo hacíamos sentí un odio inmenso por mi Karla, por haber muerto,  sin darme cuenta estrangulé a fräu Karla.

- ¿Por qué odio hacia la niña Karla? ¿No fue asesinada? No es tu culpa eso, Somál.

Este hombre me produce confianza, así que le conté toda la verdad de Karla y yo en Caracas.

- Ahora entiendo todo. Y tranquilo, nadie sabrá esto.- me dijo, ahora sonriendo.

- Está bien.

- Somál, haré una llamada mañana desde mi oficina en el comando, serás transferido a la academia de las SS aquí en Tacarigua. Diré que eres el hijo de mi buen amigo y predecesor herr Rodolf. ¿Estás dispuesto a trabajar para mí y hacer lo posible para lograr el mando en las SS de Tacarigua?

- Haré todo lo posible.
La señorita que curó a Somál. 

Esa madrugada me llevaron a una carpa entre los árboles de mango atrás de la segunda hilera de salones. Allí una señorita de cabello negro y nariz respingona me curó las heridas que fräu Karla me había hecho en la espalda, luego hicimos el amor y comimos. Ella se fue y yo dormí perfectamente. 

domingo, 28 de julio de 2013

Las desgracias de Somál.

Capítulo VIII.

- Se escucho un fuerte ¡BUM! y una ventana romperse, joven Arnold.

- ¿Cuándo?.- pregunto.- ¡Responda!

Un anciano en la puerta del apartamento donde fräu Karla y yo vivimos me dice que no pudo abrir la puerta, yo la patee en la cerradura y al abrirla caí al suelo y grité lo más fuerte que pude. Las sábanas de la cama de fräu en su cuarto, justo al frente de la entrada, estaban manchadas de sangre y a ventana estaba rota. Corrí y no estaba fräu, me asomé por la ventana y un tumulto de personas no me dejaba ver, malditos vecinos. Bajo corriendo las escaleras del edificio y al llegar abajo fräu Karla estaba en el piso, completamente desnuda y con un agujero de bala en el cráneo, la pistola estaba a su lado, humeante. 
No comprendo, ¿por qué se suicidaría fräu Karla? Es imposible, tuvieron que asesinarla. La tomé en mis brazos y la llevé al apartamento, la lavé y la vestí con su vestido rojo y cuando llegó el carro de la funeraria fui con ellos, no quería funeral alguno, sólo que fuese enterrada y listo. Pero debían hacerle estudios en la morgue para saber si había sido asesinada.

El jefe de la morgue me saludo con el ya continuo "heil Führer" y me dice que está claro que fräu Karla se suicidó. No lo podía creer, ¿por qué?

Fui a la universidad a la que ella iba y busqué por todos lados a su amiga, fräu Clarice, una maldita francesa. Le pregunté si Karla le había mencionado algo o no sé y me dijo que sí.

- No dejaba de contarme que quería morir, quería irse de casa lejos de ti. Me contó lo que le hacía maldito infeliz, ¿cómo pudiste?- me hablaba con lagrimas en los ojos.- Ella te odiaba, Arnold, desde hace dos meses, desde que la violas...

La palma de mi mano se quedó marcada en su cachete, ¿cómo se atreve?

- ¿Quien te crees? ¿Sabes a quien le hablas?.- le grité.- Soy un maldito cadete de las SS. 

- ¿Y a mí qué, desgraciado?.- me gritaba mientra intentaba soltarse.

- Deja de moverte.- le di un beso en los labios fuertemente y luego le di otra cachetada.- Maldita. 

Me largué de ese lugar, Clarice quedó llorando en el suelo, parecía un bebe hambriento, no es bueno que me provoque. Fui a presentarme en el cuartel de las SS para mi iniciación y luego me dieron vacaciones, por lo de fräu Karla. 5 meses de vacaciones. 

Fui al banco y saqué todo el dinero que me dejó herr Rodolf, empaqué y me fui en el primer vuelo a Valencia, quería ver a fräu Karla, debía darle la noticia. 

Llegue a media noche a un hotel en el Big Low, el principal de Valencia. Mandado a construir por herr Rodolf  en donde antes había un EPA; no sé que era eso. Alquilé la mejor suite y me dieron 50% de descuento, de nuevo por mi apellido, creen que soy hijo de ese imbécil de herr Rodolf. Por la mañana iré a ver a fräu Karla. 

Eran las 10 de la mañana, este lugar sigue igual, la mismas cámaras de mierda, la misma carpa de mierda, la misma gente de mierda, el mismo herr Henry de mierda, la misma fräu Karla de mierda. entré a la carpa esperando verla y no estaba allí, recordé ese día cuando herr Rodolf me obligó a verlos hacer el amor, no pude evitar excitarme un poco. Salí de ese lugar y me fui  directo al edificio, no estaba en su oficina, pero sí en lo que era mi habitación antes. Llevaba un vestido amarillo precioso, hasta sus rodilla, no ha cambiado en nada, realmente en nada. Sus labios están rojos y su cabello pinado con un estilo cincuentero de maravilla. Me abrazó y me besó las dos mejillas, estaba contenta, pero hedía horrible a cigarrillo. 

- Siéntate, fräu.- le dije y la senté.- Tengo noticias, malas noticias. Fräu Karla murió.- ella respiró hondo y bajó la mirada, me preguntó que sucedió.- La mataron.- mentí.- entraron al apartamento cuando no estaba y la mataron. 

- Oh, Arnold, lo lamento.- me dijo y me abrazó, sentí sus pechos presionar mi pecho.- Realmente lo lamento.

Me sentó en la cama y fue por agua, en la esquina de la habitación había una nevera pequeña. Su parecido con fräu Karla es magnifico, son idénticas, pero la fräu que tenía en frente tenía los pechos un poco más grandes y sus caderas más anchas, era preciosa, volteó y me sonrió y luego volvió a voltear. Esa sonrisa, es idéntica a Karla, mi Karla. 

Me levanté y la tome por detrás, la abracé por la espalda, su cabello olía  a humo de cigarros, su vientre palpitaba, ella me desea. La tiré en la cama y me quité la camisa, ella se quitó el vestido y me dijo.

- Siempre deseé esto, desde que eras solo un niño, ven, hazme el amor. 

Me monte sobre ella y la penetré de inmediato, jugaba con ella, coloqué mis manos al rededor de su cuello, ella atrás de mi espalda y me acariciaba con sus uñas. Cada vez le follaba más duro y apretaba su cuello más, ella empezó a  colocarse roja, le faltaba el aire. Me rasguño la espalda una y otra vez y trataba de decirme que paraba. Yo solo podía preguntarme ¿por qué? ¿por qué mi Karla se había suicidado? Estaba molesto con ella, la odiaba por eso, siempre creí que me amaba. Cuando terminé y acabé dentro de fräu Karla, ella ya estaba muerta, se había asfixiado. La dejé ahí mientras me bañaba, luego me fui. 

Ya fräu Karla no sería una preocupación, no sentía culpa alguna, y la ira que sentía por mi Karla se había esfumado. Ahora iría a Tacarigua, a visitar las calles  que alguna vez me acogieron. 

sábado, 27 de julio de 2013

Las desgracias de Somál.

Capítulo VII.

Caracas vista desde el Ávila.
Han pasado 10 años desde que estoy en Caracas. Pasé los primeros 4 años aprendiendo alemán junto a Karla, un viejo profesor de idiomas que vino de Alemania nos enseñó, se nos hizo fácil ya que en Caracas el 90% de la población habla solo alemán y debíamos aprender para poder interactuar con la sociedad caraqueña. el otro 10% eran esclavos negros, no hablaban ni siquiera español, no se les permitía. 

Los cinco años siguientes aprendimos historia del Tercer Reich, aprendimos que luego de que en 1933 mein Führer ganara la cancillería y luego la uniera con la presidencia para tomar el puesto de Jefe supremo o Führer hubo una guerra mundial en la cual Alemania, junto a la Unión Soviética, ganaron, tomando para sí toda Europa a excepción de Inglaterra que quedó como Estado comunista y de España que quedó devastada luego de la Guerra Civil. Claro que las rebeliones en los distintos países antes independientes no cesaron en poco tiempo. En Italia luego del asesinato de Mussolini, mein Führer dio una avanzada masiva por el norte de Italia y conquistó toda su extensión. Dejó al Vaticano su territorio pero con la condición de acatar sus ordenes y reglas y colocar la bandera roja con la esvástica, claro que accedieron, era eso o atenerse al exterminio. En Francia los grupos rebeldes resistieron hasta 1990, hasta que mein Führer avanzó sobre París y asesino a toda madre, padre, hijo, esposa, hermana y todo familiar de cada rebelde en Francia, provocando la rendición y fusilamiento de todos ellos. Esto sirvió de advertencia para otros grupos rebeldes de Europa y algunas partes de la sur américa ya ocupada quienes se rindieron. Los de Europa fueron fusilados junto a sus familias y los de América tomados como esclavos, algunos lograron escapar y se asilan en Bolivia, donde hay aproximadamente unos 5 millones de rebeldes bien armados. 

La Unión soviética ahora encabezada por el moribundo dictador Vladimir Putín ha mantenido sus lazos de hermandad con el Tercer Reich, a pesar de que sus territorios en centro américa has sido problemáticos para el tráfico de esclavos en sur américa, sobre todo Cuba y sus mandatario Fidel y Raúl Castro. Hubo un momento de tensión en 1975 cuando mein Führer avanzó sobre la Polonia soviética para machacar a los judíos que se refugiaban bajo la sábana del Estado soviético, los soviéticos lo tomaron como declaración de guerra y atacaron las tropas alemanas, sin muchas bajas. Se acordó la paz en 1976 y se le cedió todo el territorio de Polonia al Tercer Reich. 

Para cuando pasaron los 10 años, como dije los primeros cinco aprendiendo alemán, y los últimos cinco aprendiendo historia y geografía, fräu Karla y yo teníamos una amistad amplia, eramos muy apegados aunque nunca habíamos tenido relaciones, mis ganas no eran pocas. 
Mi amiga fräu Karla a sus 17 años.

Somos dos jóvenes rectos, disfrutamos de la lectura y de charlar por horas. Ella parece estudiará política y yo me alistaré a las SS. 

Ya no me parecen extrañas la mayoría de las cosas que antes no entendía. Como el porqué los negros son esclavos y los judíos son fusilados. Ya entiendo porque llevamos 10 años en guerra con la Nueva Jerusalen -antes Buenos Aires-, están rodeados, mein Führer conquistó todo territorio a su alrededor. Tampoco me estremezco al ver a algún oficial de la GESTAPO fusilando sacerdotes/chulos y quemando monjas/prostitutas. Mi mente se ha acostumbrado al sonido de las balas.

Cuando cumplí los 15 años fui con fräu Karla a un bar de cervezas en el centro de Caracas, la pasamos de lujo, aunque sólo nos dimos un beso, un largo y pasional beso, ella no quiso pasar a más. Al salir, un borracho quiso sobrepasarse con fräu Karla, le silbó dos veces e intentó tocarla. Esa noche llevé a fräu a casa y salí de nuevo al bar, cuando llegué, fuera estaba el borracho, un maldito francés. No lo pensé, saqué una lumper  y disparé primero en su pierna, soltó un grito tronador, solté otro disparo en su estomago y luego le patee la cara. Ya había gastado muchas balas en un pordiosero francés; así que saqué mi puñal y lo clave lentamente en su pecho, luego le di un par de vueltas dentro y lo saqué. Entré al bar limpié mi puñal bebí una jarra de cerveza y fui a casa. Fräu Karla dormía, se veía hermosa, su piel brillaba con la luna. Tome una ducha y dormí en mi habitación, ella nunca supo nada. 

Hoy no saldremos, ella cocinará, y veremos una película. Hace una semana cumplí 18 años y ella hoy está cumpliendo 18 igual. Ambos recibimos una carta de fräulein Karla desde Valencia, todos los años para nuestro cumpleaños nos envía una diciendo que pronto nos visitará. Pasamos la velada perfecta, Karla cocinó un pasticho de carne sabroso y me contó que ya estaba inscrita en la Universidad. Llevaba un vestido rojo muy hermoso y una boina corta negra. Unos tacones negros no tan altos y unas medias de mallas por todas sus piernas. Me provocaba con cada movimiento, quería arrancarle el vestido y hacerla mía. 

Luego de ver la película, Karla recostó su cabeza sobre mi regazo y hablábamos, sus labios rojos se movían suavemente y hacían ruidos angelicales. No aguanté y la besé, me correspondió y nos besamos con pasión, moví mis manos sobre sus pechos y se dejó, todo iba bien, por ahora. Seguimos besándonos y esta vez deslicé mi mano por las medis de mayas y le quité los tacones, subí y metí la mano entre sus piernas.

- Oye, ¿qué haces?.- me dijo en alemán, siempre hablábamos en alemán.- Solo nos estamos besando.
- Pero, ¿a poco no lo deseas igual? 
- No, no así. 
- No seas idiota, Karla. ¡Ven acá!

La tome del brazo y la tumbé sobre el sofá, me quité la corbata y amarré sus manos sobre su cabeza, ella forcejeaba pero no podía hacer mucho, ya era mía. Le subí el vestido hasta quitárselo y besé todo su abdomen y pechos, su piel era salada, pero sus pezones dulces. Tomé una vela de la mesa y dejé caer cera sobre sus senos, ella gemía, me gusta sus gritos de miedo. Le arranqué las medias y rompí con su virtud.

- Já, eres mía, fräu, ya disfrútalo. 

No pudo más y se dejó llevar, hicimos el amor, de vez en cuando debía pellizcar suavemente los muslos para que dejara de moverse. 

La mañana siguiente fräu Karla salió temprano, debía buscar su horario en la Universidad. Yo fui a inscribirme en las SS y presentar el examen de ingreso, me hicieron todo las pruebas tanto físicas como psicológicas y me dieron mi placa, ya era un miembro de tan apreciada institución. El apellido de herr Rodolf me había ayudado mucho en los últimos 10 años. Era ahora el heredero a toda su fortuna, ya que el muy imbécil murió en la frontera en un enfrentamiento directo con el Ejército colombiano. Fräu Karla no me dirigía la palabra, ni me miraba, no le entiendo, sé que lo disfrutó sus movimientos ya acciones le presidian. 

A las 8 de la noche, ella entró a  su habitación, se iba a desvestir para darse una ducha; dejó al puerta abierta. Yo observé como se desvestía y no pude evitar entrar y tomarla por detrás, la incliné sobre la cama y sin previo aviso empecé a jugar con mis manos en su entre pierna. Le di la vuelta y ella misma me desabrochó el pantalón y me hizo un oral, hicimos el amor y luego ella se duchó. Así fue durante uno o dos meses, siempre la sorprendía y le hacia el amor, nunca paraba, yo sé que le gusta. Pobre de mí cuando me llegó la noticia más fatal.

Las desgracias de Somál.

Capítulo VI.

Fräu Karla estaba sobre una mesa de madera, redonda, sus brazos amarrados sobre su cabeza y sus piernas, amarradas también, abiertas; dejando ver su vagina y sus senos, estaba completamente desnuda. Herr Rodolf estaba a un lado de ella con un velón rojo en su mano dejando caer la cera sobre la blanca y pura piel de fräu Karla; cada gota que caía hacía que fräu Karla gimiera un poco, un sonido parecido al que hacía cuando tenia relaciones con herr Henry. Cuando vi esto, además de la cara de dolor, algo extraña, de fräu me abalance sobre herr Rodolf y le di un buen golpe en el pecho -lo más alto que pude llegar- claro que esto no lo pensé muy bien, luego de unos segundos me vi tendido en el piso con el ojo morado y llorando, además de un labio sangrante. 

Herr Rodolf me dejó tendido en el piso y siguió en lo que hacía antes de ser interrumpido por mí, ¿por qué le hace esto a una mujer tan hermosa como fräu Karla? Me levanté y observe un minuto, cuando me di la vuelta fräu me hablo:

- Arnold, cariño.- su voz era débil, no parecía ella.- ven, quédate observando lo haces mejor. 
- No quiero, fräu.- dije secamente. 
- No te están pidiendo un favor muchacho.- me dijo fuertemente herr Rodolf.- Ahora ven y observa, vamos, te gustará. 

Tuve que quedarme, observar como las gotas de cera caían en la blanca piel de fräu sin ella poder evitarlo. De hecho parecía disfrutarlo en cada gemido, es extraño, no comprendo nada, justo cuando creí empezar a comprender las cosas extrañas de fräu, me sale con esto. 

Herr Rodolf, luego de dejar caer las últimas 4 gotas de cera sobre el poco vello púbico de fräu Karla, se bajó el pantalón - la desató de piernas-, y empezó a tener relaciones con ella. Me quise ir, pero no me dejaron, sólo cerré los ojos y lloré en silencio. Quiero irme de este lugar. 

La oportunidad no se hizo esperar. Luego de este desafortunado encuentro en la carpa, herr Rodolf no me dirigía la palabra más de lo estrictamente necesario, y mira que es muy poco. Fräulein Karla no cambió conmigo, seguía asesinando sodomitas y teniendo relaciones con herr Henry frente de mí. Todo el amor que estaba sintiendo por ella desaparecía cada vez más, no puedo creer que la ame como una madre. Un mes después de mi desafortunado cumpleaños herr Rodolf me mandó a llamar. 

- Arnold, mañana te vas a Caracas. Estudiarás alemán e historia. Además aprenderás sobre la geografía del tercer Reich y del mundo entero, desde hoy eres Arnold Hofferman, ¿entendido?

Sin esperar respuesta alguna me tomo del brazo y me llevó a mi habitación en el pequeño edificio, me dejó allí y se fue. Nunca creí que desde esta tarde jamás vería a herr Rodolf Hofferman. 

En la habitación, en la cama, una niña de unos 13 años estaba en la cama vestida con un vestido rojo, era muy parecida a fräu Karla -a excepción de su cabellera medio rojiza-. Era hermosa. 

- ¿Quién eres?.- le pregunto.
- Karla Vonfrist.- su voz es dulce, melodiosa, como el canto de las aves.- Seré tu compañera de estudios en Caracas, nos iremos juntos mañana, ¿no es genial? 
- Ah, sí, genial. ¿Eres familia de fräu Karla? 
- Ella me adoptó, me dio su nombre y su apellido, después de todo dice que yo soy idéntica a ella cuando tenía mi edad. 

Seguimos hablando toda la noche, no podía evitar ver su rostro, sus ojos, todo de ella era angelical, hasta gracioso. Cando eran las tres de la mañana, ya empezaba a enamorarme de esta pequeña niña, solo 6 años mayor que yo, aunque su cuerpo decía que era de unos 10 años más. A las cuatro menos quince minutos, sucedió lo que nunca pensé. 

Me dijo que le caía bien y que quería regalarme algo, luego que le pregunté que era, me quitó mi short de dormir y me agarro mi pene y empezó a masajear y lo llevó a su boca, justo cuando llevaba 5 minutos haciendo eso, la puerta de mi habitación se abrió de golpe y fräu Karla le grito que lo primero que le había dicho era que no me tocara y ¡BUM!. 

Tenía toda las sabanas llenas de sangre y el cuerpo muerto de Karla Vonfrist yacía en el piso con el cráneo abierto y los ojos blancos. Fräu Karla me tomo en sus manos y me decía que todo estaría bien, que conseguiría a alguien más para que vaya conmigo a Caracas. Me daba miedo, sus ojos estaban completamente abiertos, parecía que saltarían de su cara, tenía una cara de asesina, de loca. 
Señorita Karla VonFirst. 

La mañana siguiente no vi a herr Rodolf, supe que en la madrugada había sido llamado para ir a la frontera con Colombia, había problemas y debían actuar ya. Fräu Karla me presentó a otra señorita, el mismo nombre, Karla Vonfrist. 

A las ocho de la mañana ya estábamos en un avión vía Caracas desayunando. No crucé ni una palabra con Karla, de hecho enseguida despegamos sucumbí en un sueño pesado, estaba cansado.

No pude dormir muy bien, la imagen de Karla Vonfrist, la primera que conocí, muerta y con sus sesos afuera y toda bañada en sangre me atormentaba mucho, pero también me llamaba mucho la atención eso que me hizo antes, fue una sensación extraña. Al despertar, estaba contento cuando me di cuenta que estaba lejos de Valencia y de fräu Karla y herr Rodolf, incluso de herr Henry, todos me aterraban en ese lugar. 
Caracas parece ser hermosa.

jueves, 25 de julio de 2013

Las desgracias de Somál.

Capítulo V. 

He dormido como un bebe en estas últimas semanas con fräulein Karla, me ha acogido en el pequeño edificio cerca de las cámaras y la carpa. No salgo mucho, primero porque no me dejan y segundo porque no puedo ver a esos hombres asquerosos, esas bestias y ese hedor que sueltan al ser fumigados, ese hedor que me demuestra su bestialidad, es todo tan asqueroso. 

Fräulein Karla me ha mostrado más fotos, algunas asquerosas y sangrientas, otras hermosas, de ella de niña, de otras niñas hermosas, de mujeres desnudas y sus atributos. Ya sé que es una vagina y para que sirve, pero no comprendo porqué fräulein Karla me muestra todas estas fotos. Se lo preguntaré la próxima vez. 

- Buenas tardes fräulein Karla.
- Ah, Arnold, querido, ¿cómo estás hoy, eh?
- Bien, fräu. ¿Y Ud.?
- Bien, bien, venga el abrazo ¿estás de cumpleaños no? 
- Sí.- le abrazo fuertemente y le doy las gracias luego. 
- Hoy te tengo un regalo, dejarás de ver fotos. 
- Oh, fräu, justo quería preguntarle el por qué me las mostraba. 
- Tranquilo, dejarás de ver fotos porque ahora verás todo en vivo. Y bueno, te explicaré, ven. 

Fuimos a un patio que está tras el edificio y había un soldado con uno de esas bestias sodomitas, degenerados. 

- Observa, Arnold.- me dice- Bien, Henry, el chico está de cumpleaños debemos darle un buen regalo. 

El soldado Henry levantó a la bestia por el cabello y con una pinza le cortó una oreja. Chillidos y chillidos de terror soltaba aquel asqueroso hombre, pero el soldado no se detuvo y le empezó a cortar los dedos con la misma pinza. Luego le quemó los ojos con un cigarrillo y le rompió la nariz dándole un golpe en seco con la pinza. 

No lograba sentir nada de piedad ni lastima por el hombre que moría de agonía, después de todo son bestias, y las bestias mueren cada día. Cuando al final terminó de morir, fräulein me preguntó que sentí, sólo le dije que un poco de escalofríos por la sangre. 

- Bien, Arnold, vamos adentro, Henry y yo te mostraremos otra cosa luego de que él tome una ducha. 

Luego de media hora el soldado salió  desnudo de la ducha y fräulein me empezó a mostrar para que servía cada miembro del cuerpo del soldado, luego se desvistió ella y me mostró sus miembros y para que sirven. Fräu Karla es hermosa, su piel es pura y blanca, lisa como el mármol y dura como las rocas. Esto nome agrada, herr Hery y fräu Karla se empiezan a tocar y a tener relaciones, me quiero ir, pero fräu me obliga a sentarme y a observar. Es asqueroso, ¿por qué hacen esto? ¿por qué a mí? 
Fräulein Karla mostrando sus
senos a Somál (Arnold). 

Ya al llegar la noche, herr Henry se ha ido y fräu Karla me está explicando el porqué de todo. 

- Arnold, querido, el soldado alemán debe ante todo ser duro, frío, disciplinado, por supuesto que nacionalista. Dar la vida por el Imperio, por su Führer, por nuestro Führer. El soldado alemán debe ser cruel con sus enemigos, nuestra raza, la aria, debe ante todo ser la primera y única en todos los hemisferios. Justo ahora mientras hablamos nuestros soldados están dando su vida por acabar con los asquerosos judíos al sur del continente, en la Argentina.

- ¿Judíos? ¿qué son judíos?

- Son como las bestias sodomitas, pero peores, llevamos milenios en guerra con ellos, logramos acabarlos en toda Europa y en el Oriente medio los musulmanes se encargaron de exterminarlos y les arrebataron su tierra. Pero hay más aquí en el sur, en Argentina, el país al sur de América. Nuestro Führer está ahora en las Malvinas, unas islas al oriente de Argentina, desde allí planea dar un ataque masivo sobre la nueva Jerusalen mientras que nuestros soldados avanzan por el norte desde Paraguay, acabaremos con esas bestias.- dice con orgullo.- Entonces, Arnold, ¿entiendes por qué debes ver y presenciar sangrientas muertes y crueldades?

- No, fräu Karla, no lo comprendo. Ud. dice que los soldados deben ser crueles, pero yo no soy soldado, soy solo un mocoso.

- No, Arnold, tienes 7 años, ya es edad para aprender, luego cuando cumplas los 17 te alistarás en el Ejercito o en las SS y lucharas por el Imperio y enfrentarás a las bestias que nos atacan constantemente, ¿entiendes? 

- Sí, ahora comprendo.- sigo confundido pero logro captar la idea.- Y, ¿esos actos sexuales, fräu? 

- Ah, eso...- voltea la mirada y se levanta.- Es hora que vayas a dormir, mañana llegará herr Rodolf, ya avisé que estás aquí, ahora, ¡duerme!.-  su voz está seca y fría. 

La mañana siguiente fui despertado a las ocho; me dijo herr Henry que era para darle la bienvenida a herr Rodolf. Al salir del edificio había un aroma a vainilla en todo el área. Los soldados estaban formados en el patio y fräu Karla estaba frente al pelotón. llevaba unos pantalones de cuero negros muy ajustados y una chaqueta con muchas insignias y las "SS" en el cuello. Su boina negra y sus labios completamente rojos. Estaba radiante, hermosa, no recordaba haber visto a fräu Karla tan hermosa. Me paré a su lado y ella me colocó una mano en mi hombro y me dijo que mantuviera silencio a menos que se me pidiera hablar y que le imitara en los movimientos. 

A un cuarto para las 9 llegó herr Rodolf en un carro militar negro. Parecía más rudo y cruel que cuando se fue. Todos se colocaron firme, incluso yo imitando a fräu Karla, y luego alzaron sus brazos en saludo y gritaron "heil mein Führer"; tuve que hacerlo igual, de repente sentí orgullo de herr Rodolf; todos le rinden homenajes. 

Herr Rodolf se acercó a fräu Karla y le dio la mano y luego se me acercó y me preguntó si me tratan bien, asentí con la cabeza y sonreí. No le diré ahora lo que he hecho, ya habrá tiempo luego. Todos los soldados recibieron ordenes de dispersarse y volver a sus trabajos y fräu Karla y herr Rodolf entraron a la carpa, me dijeron que esperara a fuera. Empezaron a hablar alemán, ya empezaba a entender algunas palabras, después de todo debo aprender según fräu Karla. Luego de media hora no escuchaba nada y decidí entrar; más vale que no lo hubiese hecho, vaya sorpresa me llevé. 

martes, 23 de julio de 2013

Las desgracias de Somál.

Capítulo IV

- Wach auf, kind. ¡Wach auf!

Estiro mis brazos y abro los ojos, suelto un grito ahogado por culpa de un hombre que me mira muy de cerca y tiene su mano en mi hombro. Aún estoy entre los árboles cerca de las cámaras de gas. Hay un hedor asqueroso, siento que ya impregnó toda mi piel. El hombre es alto, blanco y de ojos azules y cabello rubio corto, se parece mucho herr Rodolf, parece ser alemán y no habla español, no entiendo nada de lo que me dice. 

Me toma por el brazo y me lleva a una carpa a unos metros de las cámaras, me limpia el rostro que tengo manchado de barro y dice algo como "warten"; es muy gruesa y disciplinada su voz, me da miedo es mucho más terrible que herr Rodolf. Intento salir de la carpa pero me toma del brazo y me lanza al piso, me apunta con el dedo indice y me dice de nuevo "warten"; supongo quiere que me quede aquí. 

- Wer sind sie?- dice una mujer que está entrando por la carpa. 

Le miro asustado y mis ojos se llenan de lagrimas, pero no dejo que broten por miedo a ser reprendido. La señora repite las  mismas palabras y yo solo agito la cabeza de un lado a otro. De repente con una voz dulce, grave y disciplinada me pregunta quién soy.

- Som-- Arnold, señora.

- Muy bien, Arnold, yo soy fräulein Karla.- dice con su voz cada vez un poco menos dura.- ¿qué haces por aquí, querido?

- Yo... sólo quería ver quienes eran esas hombres desnudos. 
- ¿Te refieres a los homosexuales que murieron anoche? 
- ¿Homosexuales? ¿qué es un homosexual, fräulein?
- Son animales, Arnold, animales que no merecen atención alguno y deben ser exterminados.
- Entonces, ¿esos hombres no estaban desmayados? 
- ¿Desmayados dices? No, querido, muertos es lo que están.

Baje la mirada, ¿por qué lo dice tan calmada? ¿qué clase de mujer tengo enfrente? Últimamente solo he conocido gente malvada, pero, herr Rodolf me dijo que los malvados son ellos, no entiendo. 

- Fräulein, ¿qué significa?
- Cierto, no hablas alemán, pues significa señorita, cariño. 

Un grito llega de afuera de la carpa, la señorita Karla sale casi corriendo y empiezan a gritarse en alemán, no entiendo que sucede. me asomo por la entrada de la carpa y veo a un soldado sin camisa y con las manos llenas de sangre. En el piso hay una mujer, bueno, no creo que sea mujer, debe tener unos 15 años, parece muerta. Fräulein Karla está gritando unas palabras en alemán, tengo miedo; en su cuello se están marcando las venas y su mano cerrada amenaza con golpear en seco al soldado que está parado en frente, temblando también de miedo. De repente bajo de nuevo la mirada y me doy cuenta que la  niña en el piso está completamente desnuda y con el abdomen desgarrado, es asqueroso. 

El soldado levanta la mirada y empieza a decir:
- Solo quería follarla, fräulein Karla, llevo casi 5 meses sin follarme a una buena mujer y esta niña me tentó, pero cuando casi la penetraba me dijo que me jodiera que no haríamos nada. Imagínese como me puse, tuve que abrirle el estomago por desgraciada.- parecía orgulloso, ¿qué les pasa a estos hombres, por Dios? 
- Muy bien, soldado, pero ¿no creías mejor violarla y listo? ¡Tenías que matarla, joder!- fräulein Karla no parece alterada.- Eres un idiota, tendremos problemas con herr Rodolf  si llegase a enterarse. 

Levanto mi mirada y tropiezo y caigo sobre la tierra frente a la carpa. El soldado me ve y me levanta por el cuello, es doloroso, pataleo cada vez más fuerte pero no me suelta. Fräulein Karla me ve y me pregunta por qué estoy espiando. 

- Usted mencionó a herr Rodolf, yo vivo con él.
- No te creo, me parece que mientes, Arnold.- su voz está de nuevo seca, dura y hasta suena fría. 
- Se lo juro, fräulein, pregúntele, él está en Caracas ahora, anoche se fue a eso de las 5 de la tarde. 
- Uhm, te creeré porque sólo yo sabía eso, ahora lo sabe el soldado Henry y espero no lo mencione a nadie si  no quiere ser castigado. Y tú, ven conmigo cariño. 

Me toma del brazo y me levanta, me sacude la camisa que me llené de polvo y me lleva a un pequeño edificio a unos metros de las carpas y las cámaras. El lugar tiene aire acondicionado, por ende el hedor de las cámaras de gas no penetra. De hecho hasta se siente un buen aroma a vainilla. Fräulein Karla me lleva a una habitación más o menos grande, en el fondo había un cuadro de al menos unos 4 metros de alto de Adolf Hitler. Los acientos eran de cuero, creo, muy bonito todo, me gusta este lugar. Me dice que me siente en un sofá frente a una mesita de vidrio y ella se sienta en frente. 
Cuadro al fondo de la oficina de
Fräulein Karla.

- Dime, Arnold, ¿qué edad tienes? 
- Cumpliré siete pronto, fräulein. 
- No te pregunté eso, debes dar respuestas concretas y directas. Volveré a preguntar, ¿qué edad tienes?
- Seis, fräulein. 
- Bien, así es. Ahora.- se acomodó en el sofá.- ¿dónde y cómo conociste a herr Rodolf? 
- En Valencia, fräulein, cerca de los campos de azúcar. Estaba caminando en la calle y herr Rodolf se detuvo en su Volkswagen y me invito a su casa, me acogió en ella. 
- Es muy buena persona, herr Rodolf, siempre lo ha sido.- noto que se soba los muslo pero no digo nada. 
- Sí, fräulein, aunque me da miedo. 
- ¿Miedo, por qué? 
- No sé, su voz es muy grave y severa y a veces siento que me golpeará, aunque nunca lo ha hecho. 
- Ah, no te preocupes, su carácter siempre ha sido así. 

Eso que dijo no me quitó el miedo pero solo afirmé con la cabeza y bajé la mirada. La mujer se levanta y busca unos papeles en su escritorio; cuando los consigue los coloca sobre la mesita de vidrio y se sienta de nuevo, sus ojos verdes parecen querer salir de su órbita, ¿por qué todos parecen locos aquí? 
- ¿Qué sientes al ver estás fotos, Arnold?.- me pregunta. 
Me dispongo a mirar la primera foto. Es una chica, de unos 15 años, blanca, de cabello negro oscuro y ojos azules; muy hermosa, cuando miro el resto de la foto veo que está desnuda, siento una electricidad recorrer desde mis ojos hasta mi cerebro. 
- ¿Y bien? ¿qué opinas de esa?
- Es... hermosa, muy hermosa, fräulein. 
- ¿Verdad que sí? Bueno, bueno, mira la otra. 
Cuando tomo la otra foto inmediatamente vomito toda la comida que he comido, que en realidad es poca, ya que desde la tarde de ayer no he podido comer. 
Resulta ser la misma niña pero descuartizada, sus pechos han desaparecido y su rostro, de horror, está bañado en sangre. Tiene un ojo muy hinchado y amenaza con explotar y llenar de sangre todo. Su oreja derecha está picada por la mitad y le faltan mechones de pelo. 
- Veo que no te agrada. 
- ¿Por qué, fräulein? ¿Por qué está así? 
- Porque es una traidora. Basura humana, escoria, aunque una gran perdida de la raza. 
- No quiero ver más fotos, fräulein. 
- ¿Cómo que no? ¡Velas todas!- me grita, tengo miedo de nuevo. 
Tomo la próxima con la mano temblando y al verla me dan ganas de vomitar de nuevo pero no tengo qué vomitar. Esta vez es un niño en cuatro patas sobre una alfombra, pero hay un hombre alto, muy junto al niño, creo tienen actos sexuales, no comprendo, ¿qué tipo de asco es este?
- Sodomitas, homosexuales. Bestias en vez de humanos. dice con asco la mujer que me ve con cierta malicia. 
- ¿Por esto asesinaron a los hombres en las cámaras? 
- Sí, por bestias, me dan asco.
- Comprendo.- tomo la próxima, y última, foto y esta si me agrada. Es una niña con un vestido rojo muy hermoso, sonriente. 
- Esa soy yo, de pequeña, ¿verdad que era hermosa?
Observo la foto y a fräulein y luego digo que sí, que lo sigue siendo. 
- Bien, está bien por hoy, ven, debes tener hambre. Date una ducha y luego come. 
me lleva a un cuarto contiguo y me da ropa limpia.
- Cuando salgas de la ducha estará la comida aquí.- señala un mesa de madera blanca.- come y luego duerme un poco. Mañana veremos que hacer contigo. 

Así hice, comí como un perro, el hambre me mata. Me costé en un sofá cama grande y me quedé dormido pensando en foto de fräulein Karla de niña, es hermosa. 

domingo, 21 de julio de 2013

Las desgracias de Somál.

Capítulo III.

Es muy temprano, me ha despertado una voz un tanto aguda pero firme, una voz que inspira miedo y me hace estremecer, pero es una voz que antes he escuchado muchas veces. Es la voz que a conquistado gran parte del planeta tierra, desde Alemania, República Checa,  Austria, Hungría y Bosnia en Europa extendiéndose por todo el occidente del continente, exceptuando a España e Inglaterra. Una voz que conquistó Venezuela, Chile,Perú, Paraguay,Uruguay, Surinam y las dos Guyanas. El Jefe o el más bien llamado Führer; Adolf Hitler. 

"...Romperemos con las barreras que nos han impuesto los asquerosos judíos, ya hemos llegado a las Malvinas,con Inglaterra destruida por el comunismo,les hemos arrebatado esas islas para nuestra estrategia..."

Escucho al Führer hablar, más bien gritar, a una multitud de personas que le alaban con gritos sin lucidez alguna,"¡heil, Führer! ¡heil, Führer!" les escucho gritar.Supongo han de estar en Berlín, es lo mejor, mientras más lejos mejor. 

Apago el televisor, estoy temblando. Me visto y trato de recordar que no debo ir a la bodega a esperar por el viejo Karl, ahora solo debo ir a la cocina y seguro me espera un buen plato de comida. Y así es, herr Rodolf me tiene un plato de waffles calientes, el olor que brota de ellos es tan inundante que penetra toda la cocina. 
- ¿Por qué me has apagado el televisor, joven?.- me pregunta herr Rodolf.
- Lo siento, no quise molestarle, herr Rodolf.- acude a la habitación y lo enciende de nuevo.

"... Los aplastaremos hasta el último individuo, nadie podrá detener el avance de la nueva era..." Y los aplausos rompieron con todo el silencio del lugar. Herr Rodolf sonreía y hasta aplaudía en la cocina. 

Cuando terminé de comer, herr Rodolf que leía el periódico oficial me pregunta si sé algo sobre Colombia. 

- No, herr Rodolf, sólo sé que no está muy lejos.- le respondo. 
- Pus sí, es nuestro vecino país, Arnold. 
- Oh, me gustaría mucho visitarle, seguro es hermoso, ¿verdad que sí, herr Rodolf?-  mi emoción se hace notar. 
- Sí. Arnold, así es, muy hermoso país. Lamento decir que está azotado por la guerra, desde hace 20 años que no han parado de soltar balas y granadas, nos ha costado mantenerlos de su lado de la frontera. 
- ¿Guerra dice, herr Rodolf? 
- Sí, joven, guerra. 20 años matándose guerrilleros y ejercito.
- Pero, ¿por qué?
- Ya nadie lo sabe, empezó por el asesinato de un presidente, cuando eso nuestro Führer no había llegado a Latino américa, es obvio, sino no hubiese guerra alguna. 
- Pero, herr Rodolf, y ¿las personas que viven allí?- pregunto casi con lagrimas en los ojos.
- A los más importantes le hemos traído para acá, los demás mueren en la guerra, o se unen al ejercito o a los guerrilleros, a la final terminan muertos. 
- ¿Los más importantes? ¿Quienes son esos?
- Está claro, ¿no? Los blancos europeos, los que aportan al Estado lo que consumen. Hace unos días quiso atravesar la frontera un maldito invalido, no sé que pretendía.
- ¿Y los negros y morenos, herr Rodolf?
- No te preocupes por ellos, mueren más rápido que moscas.- se ríe, le hace mucha gracia al parecer.
- Eso es malvado, herr Rodolf. 
- ¿Malo? eres un mocoso aún, no entenderías. 

Mi descontento no se hace esperar y de inmediato me retiro y salgo corriendo de la cocina llorando. ¿Cómo pueden ser tan malvados? asesinan y se regocijan en la muerte de esos pobres hombres. Los utilizan para que extraigan la azúcar que consumes pero luego los castigas con látigos o simplemente le disparan con sus lumer en medio de los ojos. No sé en qué creer, el viejo del callejón me decía que el Führer es un asesino, psicópata, esquizofrénico y que se yo que más, no entendía algunas palabras. Pero herr Rodolf lo explica todo sencillo, es fácil comprender, me volveré loco con tantas cosas y aún no puedo sacarme de la cabeza al sacerdote pidiendo piedad. Tal vez todos tengan razón, soy un niñato y no puedo comprender nada aún, después de todo cumpliré siete el mes de octubre.  

Herr Rodolf me dice que debe ir a trabajar a la capital, Caracas, que volverá dentro de poco, pero que me dejará sólo ya que estoy acostumbrado a estar solo. Me alegro que se vaya, le tengo mucho miedo. 

Decidí salir, tomé la bicicleta que me dejo herr Rodolf  y maneje lo más rápido que pude. Antes de irme, tome unos 5000 marcos (moneda de todo el imperio alemán) y bebí mucha agua. 

Luego de haber recorrido kilómetros en ninguna dirección aparente, me detuve. De repente siento temblar el pavimento. Me percato que ya estoy en la autopista del Este, no he recorrido mucho, herr Rodolf vive en San Diego. Por la autopista vienen dos tanques grandes, un pelotón completo de chaquetas beige, con fusiles en sus hombres y marchando mientras cantaban un himno, quizás alemán.  Lo más curioso fue cuando pasaron todos, y mira que tardaron; atrás iban hombres, todos desnudos, encadenados de los cuellos y muñecas; cabizbajos y mugrientos. quería saber quienes eran, luego de que pasaron los seguí en la bicicleta, lentamente y guardando distancia. 
Esclavos llegando a las cámaras de gas.
Luego de dos horas manejando la bicicleta tras el hedor de los esclavos y de las manchas de sangre, o quizá de zurra, llegamos a unas habitaciones grandes en las afueras de la ciudad. Había un cartel que decía "Cámaras de gas, cuidado" y una calavera con huesos cruzados. 

¿Qué serán estas cámaras de gas? ¿Para qué las usarán? Deje la bicicleta atrás de unos árboles y me escondí entre unos pipotes grandes en frente de las cámaras de gas. Los esclavos entraban a ese lugar en grupos de 10, pero nunca salían, sólo seguían entrando y entrando. luego de que pasaron todos y de que los oficiales de la llamada GESTAPO se fueron del lugar; me acerqué a ver que podía observar. Nada, nada pude ver.

Oficiales de la GESTAPO de las cámaras de gas de Carabobo. 
Un ruido me hizo saber que venían los oficiales de nuevo, me escondí de nuevo entre los botes y observé. Provistos de unas mascaras  muy graciosas abrieron las puertas de las cámaras y empezaron a  sacar los cuerpos de los desnudos y mugrientos esclavos. No entiendo nada, que les ha pasado, ¿se desmayaron por el gas? Sí, seguro es eso. Sé que la GESTAPO es una institución buena, no como el Ejercito y sus batallones, como los que asesinaron al sacerdote y las monjas/prostitutas. 

Decidí acostarme entre los arboles a dormir allí, pasaré la noche aquí y mañana por la mañana iré a comer y luego veré que hacen con estos esclavos. Por ahora deseo dormir, mis piernas me tambalean, que horror. 

sábado, 20 de julio de 2013

Las desgracias de Somál.

Capítulo II.

El frío sereno de las mañanas de Tacarigua rozan las mejillas rojizas de una población maquina, quienes caminan sin mirar a los lados y sólo hablan para comprar cigarrillos y refrescos a quienes se les permite vender. Las mujeres del pueblo son las que venden estas cosas y las que no, son las que deben comprar la comida para sus respectivas familias; comida que no se vende sino a las 2 de la tarde de cada día, durante 4 horas, el que no compre, no come. 

Despierto con los ojos hinchados y las mejillas, que eran blancas, rojas por el frío y manchadas por el barro. Salgo de mi pequeña cuevita en la calle y me sienta frente a la bodega a esperar a mi viejo benefactor, estoy muerto de hambre, las tripas me amenazan con saltar por mi boca. 

A las 8 de la mañana el viejo Karl abre la bodega y me lanza mi hogaza de pan- no sin antes saludar con su "heil Füherer"-, por suerte hoy no está el perro rabioso, le extraño, es mi única compañía en las mañanas. Como mi pan y camino hacia el callejón a ver si lo que pasó anoche de verdad pasó, es extraño, lo siento como un sueño, nunca había visto pasar algo así, bueno, me lo habían contado. Al llegar la iglesia esta echando humo, el fuego ya se apagó, están dos o cuatro soldados del batallón que reside a dos cuadras de aquí; el mismo de ayer. No alcanzo a ver que hacen.

Iglesia del pueblo por la noche
del día de ayer. 
Detrás de mí aparece el anciano del callejón, parece soñoliento aún, es raro, nunca creí que pudiera caminar. Parece que se le quebrarán sus sucias piernas, su piel es tan- no sé como decirlo- ¿morena? Sí, supongo que morena. Carraspea un poco y empieza a contarme que sucede dentro ya que yo no alcanzo a ver. 

- Están apilado a las monjas- dice.- Las quemarán cuando llegue el mediodía. 

- No entiendo, señor. ¿Por qué las asesinaron? 

- Veo que no comprendes nada, pordiosero.- me dice. 

¿Por qué me dice así? Él es igual o peor que yo.

- Pues explíqueme, se lo exijo, hágalo. 

Me empieza a decir que el régimen que nos gobierna es católico de pura cepa, son los máximo líderes de la iglesia y del estado. El Papa es ya no mucho más que una imagen de propaganda y no tiene voto ni derecho a palabra dentro de la iglesia. 

- Pero, ¿estas monjas y el sacerdote no eran católicos igual que el Führer?- con el tiempo aprendí que debo decirle Führer al jefe máximo del Estado.

- Veo que tú también te empeñas en decirle Führer, bah.- dice con odio.- Y pues no, mocoso, no lo eran. Esto no era una iglesia, era sólo la imagen de una iglesia, ¿me sigues? 

- No, no le comprendo, señor.- estoy totalmente confundido.

- A ver, ese sacerdote.- dice haciendo comillas con los dedos.- no era más que un chulo, ¿entiendes? Las monjas.- de nuevo hace las comillas.- eran prostitutas disfrazadas, seguro no me entiendes, eres sólo un mocoso mugriento.- y se va, no sin antes escupir la pared de la iglesia.

Uno de los soldados me vio y me gritó que fuera a su alcance, por supuesto que salgo corriendo, tenía miedo. El viejo dice que eran prostitutas esas monjas, yo sé que son, tengo una amiga que trabaja de eso, pero no sabía que era ilegal. Pobres personas, no se lo merecían. 

Decido olvidarme de ello, ahora debo buscar donde ir; además de que me vio un soldado y escapé de él (cosa que se paga por lo menos con una paliza), quemarán a esas pobres prostitutas, eso es algo que no quiero ver. Mejor voy a Valencia, me dicen que es un pueblo bonito.

Paso por mi cuevita a tomar mi trapo, el que uso como sábana- y me despido del viejo Karl. 
- Adiós, pequeño, ten mucho cuidado, no te metas en problemas.- me dice y luego parto hacia Valencia. Son al menos 6 horas a pie. Luego de horas caminando me dio mucha sed, así que me detuve llegando a la vía de Majagüal y miré por el borde de la carretera; uno de los tubos de agua tenía una fisura, miré a ver si alguien venía y luego bajé por el tubo y bebí de ese agua, sabía extraño pero mi sed era superior. Mientras subía de nuevo a la carretera, un Volkswagen se detuvo en medio de la carretera. 
Un soldado se baja, estoy temblando de miedo, no quiero llorar, pero se me es imposible y rompo en llanto. 
- Vamos, chiquitín, no temas, no te haré daño.- me dice con una sonrisa y me revuelve el cabello.- Ven, te llevo a la ciudad, imagino vas a Valencia.- le asiento con la cabeza y seco mis lagrimas.- Venga, sube al carro. 

Subo, me inspira confianza, en el carro me da agua fresca y una hogaza de pan con mermelada. Me dice que su nombre es Rodolf Hofferman. 

- Señor Rodo...
- Herr Rodolf.- me interrumpe. 
- Vale, herr Rodolf; ¿en esta zona no habían unos edificios grandes? 
- Sí, muchacho, pero hace mucho fueron demolidos para hacer los campos de caña de azúcar. Por cierto, dime tu nombre. 
- Somál, herr Rodolf.- detuvo el auto de repente y me miró a lo ojos. 
- ¿Somál? ¿quién te puso ese nombre? 
- No lo sé, herr Rodolf.- le respondo titubeando, tengo miedo de nuevo, su mirada parece querer asesinarme. 
- Ese nombre es de un asqueroso hindú, y tú eres blanco, te exijo me digas quien carajo te puso el nombre.- se puso rojo de ira. 
- No lo sé señor, he vivido en la calle desde que tengo memoria, ese nombre me lo he puesto yo mismo y...- me callé, iba a decir que mi amiga la prostituta me lo había aconsejado pero recordé que es ilegal. Parce que herr Rodolf se calmó, me está mirando aún pero con mirada más serena, me sonríe y me dice que de ahora es adelante me llamaré Arnold. Realmente me da igual como me llame, de igual forma todos me dicen muchacho o mocoso.
- Está bien, se--- disculpe, herr Rodolf. Oiga, este campo de caña de azúcar, ¿quién lo atiende?
- Está bajo supervisión de herr Karl.- me dice, vaya se llama igual que el viejo de la bodega.- Pero los que trabajan son los negros mugrientos.
- ¿Por qué les dice así, herr Rodolf?- pregunto intrigado.
- Son inferiores, no merecen si quiera trabajar, pero es mejor ellos que nosotros, además, más que trabajadores, son esclavos.
- Pero, ¿eso no es racismo? Creo que así se dice.
- ¿Dónde has escuchado esa palabra, Arnold?
- Se la escuche a un anciano en el callejón que da a la iglesia de Tacarigua.- herr Rodolf toma un radio pequeño y le dice a alguien que vayan al callejón y traten al señor de allí.
- Pues no la repitas más, no somos racistas, más bien debemos verlo como un amor desenfrenado a la raza blanca, por como yo lo veo, es así.
- Pero...
- Basta, Arnold, vamos, te llevo a mi casa para que te duches y te vistas bien.- no quedo satisfecho pero decido dejar de preguntar, por ahora.

El baño me sentó bien, herr Rodolf me ha dado un short y una camisa de mangas cortas, me ha afeitado el cabello, me quedó re- gracioso. Me gusta, por ahora todo va bien, hasta comida me dio. Estoy satisfecho, ahora iré a dormir un rato. Me recuesto en la cama muy cómodo y enciendo la TV. Al parecer no pude escapar de la quema, la están transmitiendo en todo canal de la región, dicen que unas prostitutas se vestían de monjas para ejercer su trabajo, por mucho ilegal, y que no será tolerado usar el seno de la iglesia para tal barbarie.
¿Barbarie? Supongo que no tienen moral estos hombres, me quedo dormido al instante.
Arnold (Somál) en casa de herr Rodolf. 

viernes, 19 de julio de 2013

Las desgracias de Somál.

Lo que a continuación empezaré a escribir de hoy en adelante, con algunos artículos excluidos que podrían surgir en el intermedio, no será más que pura imaginación con influencia de la realidad y de la historia. No me gustaría decir que algunos de ustedes, amados lectores, no les gustará lo que leerán, pero si no son susceptibles y sólo leen por curiosidad, deseo de saber y por diversión pura, entonces estos relatos, sacados -repito-  de mi retorcida y lucida cabeza, serán de su agrado y hasta de su interés propio, sin mucho más que decir, empezaré con el capitulo primero de esta odisea que cuenta la vida de un niñato de la calle que va creciendo en un mundo infectado por el mal. (Todo lo que pueda leer aquí es mera imaginación, cualquier parecido a la realidad es mera coincidencia. El uso de nombres populares en la historia no es coincidencia).

Capitulo I.

Es indispensable decirles que sólo tengo unos 6 años de edad y que al día no consigo mucho más que una hogaza de pan que el viejo de la bodega me tira por la ventana, es difícil tomarla, ya que debo luchar con un perro rabioso de la calle que busca arrebatármela siempre.

A veces me divierte, me pongo la hogaza en la boca y provoco al perro este para molestarlo, luego le pateo el rabo y salgo corriendo, la gente ni me ve, al parecer les doy asco. Esto si no me da gracia, ya que debería ser al revés, ellos me deberían de dar asco a mí, caminan por ahí con chaquetas rojas con la esvastica en su manga larga derecha, unos pantalones negros y mocasines de gamuza negra; la boina negra es opcional. 

El viejo de la bodega, el que me da la hogaza de pan, parece gustarle mucho su boina, me parece hasta que duerme con ella. Siempre me saluda con un "Heil Führer" con la mano en alto erecta hacia las alturas- no sé por qué, ni que yo fuese a devolverle el saludo-. Pero me parece que al anciano que vive en el callejón que da a una iglesia católica no le gusta mucho ni la vestimenta ni aquel saludo que hallo por más divertido y extraño. Hace unas semanas le pregunté el porqué de ese extraño saludo y desde el cartón donde dormía me dijo que en tiempos antiguos eso no era así, la gente vestía como quería y charlaban lo que querían. Me dijo que cuando el tenía mi edad vivía muy bien en una mansión en lo alto de Caracas con su padre y su madre, además de la servidumbre. Su padre era un señor que trabajó para la dictadura de Gómez en los años '20 y que por medio de muchas tretas y de robos hizo una fortuna incontable, se había casado con la prima menor de su propia madre y como resultado habían engendrado a este pobre anciano que ahora duerme en la calle ya que el régimen milenario le había arrebatado todo excepto la ropa que cargaba puesta desde hace casi 3 años. 

Me quedaban sólo las migajas de mi hogaza de pan y decidí darselas al anciano del callejón, que a mi sorpresa no las quiso aceptar y las desecho, gritándome como loco. No entendí esto, ¿por qué un muerto de hambre desecharía migajas de pan? ¿Acaso le insulté de alguna forma?. Esto de alguna forma me molestó, porque botó las migajas de pan que dejé de comer para darselas a él, aunque me intrigó su negativa, pero no le hice pregunta alguna por miedo a que se violentara conmigo. Seguí caminando por el callejón en dirección a la vieja iglesia imponente al final del callejón, tras de mí escuchaba a un pequeño batallón que marchaban por el pueblo haciendo temblar el pavimento y levantando nubes de polvo que te segaban, corrí asustado y me refugié en una apertura en uno de los muros laterales del callejón. Los soldados pasaron frente a mí sin fijarse si quiera en mi presencia, se detuvieron frente a la iglesia imponente y de repente lanzaron, cada uno, bombas molotov echas a mano por ellos mismos. De repente se oían gritar a las monjas del convento que se encontraba al lado de la iglesia y salió el sacerdote del pueblo gritando por piedad y arrodillándose frente al batallón. Uno de los soldados, al parecer el de mayor rango, dio dos paso al frente y coloco su luger en la frente del sacerdote y le ordenó que se levantase. Este lo hizo y fue obligado a dar ese saludo peculiar del que el anciano de la bodega gusta tanto saludarme. El sacerdote titubeó un poco y luego de gritar "Heil Führer" y alzar su brazo erecto a las alturas recibió un tiro en los sesos. 
Parabellum P- 08 (luger)

El estruendo provocado por el tiro penetrando en los sesos de aquel sacerdote que poco conocí me hizo temblar y provocó un silencio inmutable durante unos segundos, pude sentir el miedo recorrer mis nervios y hasta quise llorar, pero si hacía ruido podía jurar ser el siguiente y eso no me divertía. llevé mis manos a mi boca para evitar hacer ruido mientras el batallón daba la vuelta y volvía por el callejón, pero esta vez los dos últimos hombres arrastraban el cadáver del sacerdote, mientras se escuchaba crujir la madera y las telas de la iglesia. Ya no se escuchaban los gritos de las monjas del convento. 

No entendía nada, ¿por qué estos soldados de camisa beige, corbata, pantalones, bina y mocasines negros asesinaron a este pobre sacerdote que aparentemente no tenía crimen alguno? ¿por qué las molotov? ¿por qué exterminar a las monjas tan cruelmente? No logro entenderlo y el anciano de callejón no está para explicarme, parece haber desaparecido luego del disparo de la luger. 

Parece que nadie podrá explicarme hoy lo sucedido. Decido ir al agujero que hay al frente de la bodega de mi benefactor anciano y me meto en él para descansar y calmar mis nervios; justo cuando me acomodo lo más que puedo allí rompo en llanto por las vidas de esas monjas y del sacerdote, por ahora, no parecen haber cometido crimen alguno. 

Escucho de lejos un "Heil, Führer" que ha de ser el viejo de la bodega y me aprito más en mi agujero, hasta quedar dormido.